No sé por qué, pero cómo que hay una manía clasificadora en todos los hombres. Casi sin excepción nos da por estar ordenándolo todo, por someter a categorías y esquemas todo eso que nos interesa. Aunque muchos dirán que eso demuestra la cerrazón de muchas personas, como paliativo vale decir que armando clasificaciones nos hacemos de excelentes herramientas para que las cosas no vuelen.

Hoy quisiera comenzar una aventura que espero secunden, sobre todo los que dominan la materia. Hablando de clasificaciones, quisiera que comenzaran lectores, visitantes y habitantes del Cerro, junto conmigo una clasificación de los animales y plantas que existen en nuestro municipio. Bien podría acudir a un libro técnico y cerrar el asunto gloriosamente, pero como he dicho en otros lugares, el campo aún puede sorprendernos.

Pero antes, un poco de referencias. El primero en clasificar sistemáticamente a los animales fue Aristóteles, en su Botánica, el primer libro de ese tipo (pero por Dios, ¿qué cosa no hizo Aristóteles?). Pero lo que ahora intentaremos será un poco como la obra de Dioscórides, el primer autor de farmacopea: hablar de las plantas y animales que hay, mencionar un poco sus tradiciones y virtudes pero para evitar una mala descripción, incluiremos fotos y algunos comentarios no precisamente técnicos.

Entre Linneo y Dioscórides tengo una preferencia por Dioscórides. El primero es un científico de pura cepa, a quién debemos la clasificación formal de los Reinos de la Naturaleza, y el segundo es una etapa en la historia de la medicina, pues su obra De Materia Medica sigue un modelo muy especulativo… pero Dioscórides conserva en sus descripciones una belleza mezcla de ingenio y de simplicidad por mucho más bella que las frías descripciones de una clasificación de familias en latín… en fin, no quiero aburrir y me limitaría a comentar que De Materia Medica fue el texto básico para los médicos durante toda la antigüedad y la Edad Media, y que Andrés Laguna, el grandioso tratadista español de la melancolía, lo tradujo a nuestra lengua en el siglo XVI. Antes de pasar a materia, les recomendaría que lean el libro de Javier Tomeo, El Rey del Huerto, un homenaje a Dioscórides con plantas de nuestra cotidianeidad que a más de dos les causará una sonrisa de admiración.

De modo que, en Tepetlixpa (pero por favor, no olviden cooperar), podemos encontrar entre muchísimas cosas:

(Magueyes en el bordo de una barranca. Foto: M.S.)
(Magueyes en el bordo de una barranca. Foto: M.S.)
  • Maguey. Planta de la familia Amaryllidaceae. Huelga decir su historia, sus múltiples usos y anécdotas, pero aquí en la Cara del Cerro alguna vez, incluso, me tocó presenciar que raspaban magueyes para elaborar pulque. Hoy, sirven hasta para contener los bordos en los campos de labor cercados por potreros, y como un adorno al paisaje, a la vista.

  • Víboras.  El imprescindible ofidio, que al verlo causa sobre todo expectación no puede faltar en nuestro Cerro. Tan importante es que hasta en el escudo nacional aparece, pero las variedades son tan extensas como el país. En Tepetlixpa hay víboras de cascabel, víboras “cencuates” y una pequeña tropa de ofidios inofensivos que incluyen víboras de agua, víboras “chirrioneras” y otras culebras que andan tras los roedores. La víbora de aquí es del tipo “chirrionera”, famosa porque parece dar latigazos cuando se le molesta; cantera de miles de leyendas, mitos y advertencias, porque ¿a quién no le han dicho que si se le aparece esa víbora se levantará para pegarle?

(Víbora "chirrionera". Foto: J.S.)
(Víbora "chirrionera". Foto: J.S.)

Lo único que hay que decir es que, por favor, no las maten. Arrójelas a la vera del camino o a una barranca, pero no las maten. Severos cambios del ecosistema se viven ya en los campos… y si no, ¡vean la proliferación de ratones de campo y de tuzas!

CONTINUARÁ…