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La página de Sor Juana

CON MOTIVO DEL SEGUNDO FESTIVAL INTERNACIONAL MUSA DE LOS VOLCANES, SE PREPARÓ UNA SERIE DE TEXTOS CON AL INTENCIÓN DE ACERCAR AL GRAN PÚBLICO LA OBRA Y VIDA DE NUESTRA ILUSTRE PAISANA, SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ.  EL MATERIAL SE PUEDE OBSERVAR FISICAMENTE EN LA CASA DE LA CULTURA DE TEPETLIXPA, PERO AQUÍ SE LOS COMPARTO. OJALÁ QUE LES SEA ÚTIL, PERO SOBRE TODO, OJALÁ QUE SE ENRIQUEZCA CON SUS COMENTARIOS Y JUNTOS CONTRIBUYAMOS A SEGUIR LA PISTA DE LA MONJA DE NEPANTLA:

1. ACERCAMIENTO A LA POESÍA.

Un poema es una de las creaciones artísticas más hermosas que pueden existir, pero todo poema cuenta con una estructura interna que lo diferencia de un escrito cualquiera.

La poesía no son palabras que suenan bonito, ni palabras que no se entienden pero que seguramente dicen algo importante: es la manera de ver la vida tal como es (y eso mismo evita que sea cursi).

Seguramente hemos visto un poema. Su principal característica es que son fragmentos escritos que no ocupan la hoja completa. Cada fragmento es un Verso. La suma de versos da precisamente, un poema.

Cada verso tiene una medida, o correctamente Métrica, que es el número de sílabas que lo conforman. Por ejemplo: Finjamos que soy feliz es un verso de 7 sílabas (Fin-ja-mos-que-soy-fe-liz). La poesía clásica, como la de Sor Juana daba mucha importancia a la métrica y fue dando nombre a los versos según el número de sílabas, de modo que hay versos Bisílabos, Trisílabos, Cuadrisílabos, Quintasílabos, Hexasílabos, Heptasílabos, Octasílabos, Nonasílabos, Decasílabos, Endecasílabos, etc. según sean de 2, 3, 4, 5 sílabas etc. Tal era la importancia, que si los versos eran de entre 2 y 8 sílabas, se llamaban Versos de Arte Menor, y si eran versos de 9 o más, Versos de Arte Mayor.

Pero el poema se logra por la combinación de versos. Cada grupo de versos (lo que serían los párrafos de un texto en prosa) conforman una Estrofa, que tiene un nombre según el número de versos que los componen: Pareados (2 versos), Tercetos, Cuartetas, Quintetas… Veamos del poema Finjamos que soy feliz, de Sor Juana, un cuarteto:

Finjamos que soy feliz,
triste pensamiento, un rato;
quizá podréis persuadirme,
aunque yo sé lo contrario,

Pero si algo tenemos muy presente cuando leemos un poema es la existencia o no de una Rima. La rima es, digámoslo así, la coincidencia que hay entre las últimas sílabas de los versos, que producen un fenómeno sonoro. Existen dos tipos de rimas: 1. Consonantes, cuando coinciden sílabas compuestas por vocales y consonantes. 2. Asonantes, cuando solamente coinciden las vocales. Por ejemplo, la famosísima primera cuarteta de las Redondillas:

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis

Ahora que sale a relucir la palabra Redondillas, quizá de las más famosas poesías de Sor Juana, debemos saber que tienen ese nombre por sus características técnicas y no porque defiendan a las mujeres. Redondilla es una estrofa de cuatro versos pero no Cuarteto, por dos grandes razones: 1. Son Versos de Arte Menor (7 sílabas) y, 2. Tienen rima asonante.

Según las muchas combinaciones de versos, métrica y rimas surgen esos nombres que parecen hablar de todo menos de poemas, y que son muy constantes en Sor Juana, por ejemplo: Sextetos Liras, Seguidillas, Romancillas, Endechas, Décimas etc.

Quizá eso es lo que debemos de tomar en consideración de Sor Juana como poeta, pues como vemos, no es precisamente fácil aprender la parte técnica. Si además luego se debe “jugar” con la disposición de los poemas (unir uno, o dos, o varios: villancicos, glosas y sonetos, entre los principales), ser poeta es algo bastante complicado y por lo mismo, no es una actividad cursi.

Sor Juana fue una gran poeta porque además de dominar las técnicas que aquí más o menos expusimos, tuvo un enorme talento. Pero no hay que “irnos con la finta”, porque en la Poesía, el talento surge si observamos, si aprendemos a sentir nuestras emociones, si vemos la vida tal cual es y no solo sus problemas y carencias.

Si usted quiere ser poeta, la primera lección es aprender a respirar…

* * *

2. POESÍA BARROCA

Cuando leemos alguna poesía de Sor Juana descubrimos que tiene un “algo”. Un sonido peculiar, un ritmo musical y un juego con las rimas; pero sinceramente, si buscamos comprenderlos tan solo por lo que dicen resultan ser muy complejos poemas, o decir cosas que con la simple lectura no se comprenden.

Esto sin embargo es normal, pues Sor Juana, poeta del siglo XVII, seguía los patrones de la poesía barroca, que en resumen pueden ser los siguientes:

  • Insertar mensajes ocultos en los poemas. O sea, que las palabras de cada verso tienen no solo una interpretación; y que la simple lectura no arroja un significado literal.

  • Poesía culterana. Mientras más rebuscados fueran los temas se tenían que utilizar palabras y términos más precisos, lo que “garantizaba” una poesía “fina”. (Sin embargo, Sor Juana también escribió poesía para el pueblo: villancicos, coplas, loores, etc. que es “fina” de todos modos.)

  • Utilización del concepto. El “concepto” equivale más o menos a los juegos de palabras; un doble sentido pero en categorías eruditas: profusión de latines, referencias mitológicas o interpretaciones de las Escrituras.

  • La métrica tenía que seguir una fórmula de abstracción. Quizá lo más difícil, pues en versos de 8, 10 u 11 sílabas se tenía que introducir ideas abstractas:

Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las Estrellas;

En estos versos, por ejemplo, con que inicia el Primero Sueño, es una abstracción para significar que Sor Juana, el “Alma” protagonista, quería escalar en el conocimiento. De la tierra a las estrellas es casi decir de lo humano hacia lo celeste. Cada verso tenía que llegar a ser una “línea estética” que se viera bien y que sonara mejor.

  • Composición piramidal. Precisamente por lo anterior, los poemas barrocos, entre ellos los de Sor Juana, partían de bases figurativas hacia un destino, o sea, de una base hacia una punta, exactamente como en un triángulo. Octavio Paz ve en el Primero Sueño que la monja parte de la contemplación y la acción para ascender al conocimiento. Mientras más complicado fuera el poema (como sin duda lo es el Primero Sueño) para entenderlo había que buscar las bases e ir desenredándolas.

* * *

3. SOR JUANA Y LA NEGRITUD

En el siglo XVII, la ciudad de México y el Virreinato tenían una gran población de individuos de raza negra que eran conocidos despectivamente como Guineos. No era un grupo pequeño. Pocos años antes de que naciera Sor Juana, su población se estimaba entre 35 mil y 44 mil individuos e incluso, entre el 28 de marzo y el 14 de mayo de 1612 , en la Ciudad de México ocurrieron dramáticos eventos porque supuestamente, los negros se iban a rebelar contra el gobierno colonial para establecer una monarquía, matando a los blancos que vivían en la capital del virreinato (al final todo fue una exageración producto de la paranoia española).

Sor Juana necesariamente tuvo contacto con los negros cuando estuvo en la corte de los virreyes Mancera; y luego, cuando ya profesaba como monja tuvo una esclava de esa raza, uso común y corriente entre las novicias de la época. Los negros eran un sector importante en la sociedad colonial, aunque la sombra del racismo siempre ha estado sobre ellos: los niños negros por ejemplo, eran adquiridos por las mujeres ricas quienes los paseaban como si fueran sus mascotas.

Sor Juana escribió villancicos en su etapa de mayor madurez poética. Estos poemas se musicalizaban y cantaban en celebraciones litúrgicas de la Iglesia. Fueron muy famosos en el siglo XVII y en su interpretación participaba el pueblo acompañado a los coros de las iglesias: pueblo y coro cantando poemas con música de chirimía, arpa, viola, vihuela, órgano y cítara entre otros instrumentos.

Los villancicos fueron los poemas por excelencia de la negritud porque los autores, como Sor Juana, introducían palabras del lenguaje propio de los negros; recordado que habían negros ”ladinos”, que hablaban español, y negros “bozales” que sólo hablaban sus dialectos. Sor Juana observaba su mundo, se percataba de lo que la rodeaba y podía recrearlo. Eso simplemente bastaría para darnos cuenta de que era una Poetisa en pleno sentido de la palabra pero también un ser humano buscando la justicia.

En el marco de este Segundo Festival y como un homenaje a nuestra Décima Musa, podrán escuchar a Silvie Henry y Rak Ric Rack! grupo musical que interpretará los Villancicos Negros de Sor Juana, lo que nos permitirá apreciar en vivo esa parte de la obra de la monja de Nepantla.

* * *

4. SOR JUANA COMO LITERATURA DE VANGUARDIA

Por vanguardia literaria entendemos aquellas literaturas que proponen innovaciones, o que se rebelan contra lo establecido buscando una forma novedosa de ver al Arte.

El Primero Sueño de Sor Juana es sin duda su poema más técnicamente logrado, pero también el que mayores lecturas presenta. Algunos estudiosos como Vicente Cervera Salinas (“El Creacionismo de Sor Juana”, Cuadernos Hispanoamericanos, enero del 2005) ven en el Primero Sueño un poema vanguardista y proponen leerlo bajo los postulados del Creacionismo, la vanguardia literaria de comienzos del siglo XX fundada por los poetas Vicente Huidobro, Juan Larrea y Gerardo Diego.

Las razones para salvar la distancia que separa a Sor Juana de Hidobro y compañía son, más o menos las siguientes: el poema tiene una estructura inspirada en la formación de las estrellas, o sea, cósmica. Se observa con una “vista aérea”, porque el poema deja de ser meros versos para ser una creación de signos jugando en el espacio de la hoja. También es una estructura de sonidos que casi se convierte en música. Un poema de este tipo es, como decía el poeta Mallarme, una “sinfonía”, una partitura verbal: las estrellas dispersas en el cielo formando constelaciones de sonidos.

El Primero Sueño es un poema de sonidos bellos, pero la “sinfonía” que consigue es total. Los conocimientos de Sor Juana eran amplios como sabemos: música, invención de nuevos artefactos musicales y científicos; seguía los avances en la ciencia de su tiempo, dominaba la filosofía clásica, la teología, la observación de la naturaleza; especulaba en la cocina sobre la química, etc., etc. Todos esos conocimientos son mezclados y puestos en el poema para conseguir una sinfonía única y sorprendente. El alma, personaje del poema de Sor Juana, se libera de los postulados rígidos de someterse a la descripción y entonces Crea.

Huidobro, en el siglo XX sostuvo que frente a la Naturaleza, el poeta debe crear un camino, un orden que también existe, en este sentido, más allá de lo evidente.  El viaje del alma es un imposible y Sor Juana lo sabía, pero al crear, pues no solo imaginaba, sin duda se adelantó a las vanguardias literarias y nos regaló un increíble y hermoso poema. Una verdadera sinfonía de ideas, conceptos, sonoridades y palabras:

El viento sosegado, el can dormido,
éste yace, aquél quedo
los átomos no mueve,
con el susurro hacer temiendo leve,
aunque poco, sacrílego ruïdo,
violador del silencio sosegado.

* * *

5. LA VIDA COMO “EJERCICIO DEL ENTENDIMIENTO”

Sor Juana fue una mujer adelantada a su época. Su poesía está dentro de los parámetros de la clásica del Siglo de Oro, pero introdujo algunas innovaciones que más que técnicas, tenían que ver con el contenido, desde el retratar la realidad social hasta defender el derecho a las mujeres a educarse y al conocimiento.

Sor Juana utilizaba el claustro de su convento como foro en muchas ocasiones. Dado que nunca iba a poder acceder al púlpito o a la cátedra univesitaria, utilizaba el espacio de su convento para hablarles a sus compañeras monjas y a personas de la Corte sus ideas respecto de todos esos temas que la apasionaban. La monja, entendámoslo, no fue una activista en el sentido que hoy conocemos, o sea, una persona que defendiera de tiempo completo alguna postura. Sor Juana fue una intelectual; una persona, dice Octavio Paz en Las trampas de la Fe, para quien la vida es “un ejercicio del entendimiento”. En la famosa Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691) que es un gran alegato de defensa personal y de género sobre las mujeres y la educación, Sor Juana nos habla de los castigos que se inflingía cuando no dominaba algo: se cortaba el cabello y dejó de comer queso (aunque era uno de sus alimentos favoritos) porque se creía que el queso perjudicaba al conocimiento.

Además del Neptuno Alegórico, la Carta Atenagórica, la Respuesta…, la Profesión de Fe y la llamada Carta al Confesor o Carta de Monterrey son los únicos escritos en prosa de la monja, y que giran en torno a su autodefensa por el derecho a educarse y por su pasión por la escritura y el conocimiento.  Sor Juana no tenía más que una herramienta para defenderse del machismo de la época y la intransigencia: su escritura. Pero herramienta valiosísima en tanto llegó a muchos confines y sobrevivió al tiempo. En 1700, 5 años después de su muerte, la Respuesta, por ejemplo, se publicaba en Madrid; y en 1689, aún en vida, se publicó la Inundación Castálida, su gran libro de poesía, en la misma capital española.

Sor Juana fue una intelectual. Entre sus amigos influyentes, además de los virreyes, estaba el sabio de la época, don Carlos de Sigüenza y Góngora, que celebraba el talento de la monja. En Europa, su obra era bien recibida y admirada: los famosos Enigmas, poesías con mensajes ocultos se convirtieron en una suerte de libro personal que circulaba entre las monjas cultas de Portugal, con quiénes tenía gran relación Sor Juana.

Hoy se sabe no es del todo cierto, que tras firmar con sangre su Profesión de Fe la monja jerónima dejó de estudiar, pues por lo menos realizó algunos pequeños poemas en 15 legajos. Una vida dedicada al entendimiento no podía terminar de otra manera…

* * *

6. “UNA MUJER INTRODUCIDA A THEÓLOGA Y ESCRIPTURISTA”

Sor Juana vivió en la corte de los virreyes Mancera cuando tenía 14 años, práctica común, si nos atenemos al estudio de Octavio Paz, entre las jovencitas de la Colonia que así tenían oportunidad de rozarse con la alta sociedad novohispana. En 1667, a los 19 años, entra a la Orden de las Carmelitas Descalzas, pero la rigurosa regla (que incluye ayunos, trabajo, silencio, meditación y recogimiento) resultó muy fuerte para la joven Juana y entra entonces al convento de la Orden de San Jerónimo. San Jerónimo fue un gran estudioso de las lenguas clásicas y a él se debe la traducción más famosa de la Biblia, llamada Vulgata, que aún es vigente entre los cristianos. Los conventos y monasterios jerónimos, por inspiración de su fundador tenían bibliotecas copiosas y se dedicaban (los hombres) al estudio de la Biblia. Sor Juana encontró en ese ambiente erudito un lugar idóneo para sus inquietudes.

Con la publicación del Neptuno Alegórico (1680) un arco triunfal que daba la bienvenida a los nuevos virreyes, Marqueses de la Laguna, Sor Juana se granjeó la amistad de la influyente pareja y pudo realizar sus obras con un cierto margen de libertad. Por eso, la década de1680 a 1690 se considera como el período de mayor madurez literaria de la monja, cuando sus especulaciones teóricas y prácticas en otras disciplinas aumentaron considerablemente.    Sin embargo, en 1691 fue dado a conocer un texto en el que Sor Juana debate al famoso predicador portugués Antonio Vieyra. El texto, conocido como Carta Atenagórica es un debate teólogico sobre la verdadera Fineza de Cristo, es decir, analizar cuál fue verdaderamente la mayor prueba de amor de Jesús hacia los hombres. El descrédito fue inmediato en la sociedad misógina de la época que tomaba literal el pasaje de San Pablo que enuncia “las mujeres deben callar en la Iglesia”. Resultado de esa controversia fue la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, que indirectamente, llevo el nombre de la monja a los expedientes y legajos de la Inquisición.

Francisco Xavier Palavicino, un sacerdote amigo de la monja, poco después de iniciada la controversia, leyó un sermón en el que defendía y hacía alabanza de Sor Juana. Básicamente, Sor Juana consideraba que en realidad, el mayor beneficio (la Fineza) de Jesús fue la indiferencia, pues si actuara con una justicia rígida, pocos hombres quedarían en la Tierra, máxime si priva la ingratitud hacia él como salvador, como fue el caso de Judas.  Las reacciones fueron duras para el sacerdote, quien fue denunciado a la Inquisición. El sermón fue entonces censurado y prohibido por Agustín Dorantes, calificador inquisitorial, que dijo despectivamente que Sor Juana era una “mujer introducida a Theóloga y Escripturista”.  Ese tono burlesco es significativo, porque la monja en la controversia, dice un gran argumento: que no deben callar solo las mujeres, sino todo hombre que no sea muy aptos. La justicia se equilibra, y sin Sor Juana, ironías de la historia, nadie sabría quién fue Agustín Dorantes, oscuro estudiante de teología y oscuro funcionario de la Inqusición novohispana.

* * *

7. EL SIGLO DE SOR JUANA

Francisco de la Maza en su libro La ciudad de México en el siglo XVII, nos introduce en la época de Sor Juana. Si pensábamos que en el pasado las ciudades eran tenebrosas y de dos colores, estábamos equivocados.

La ciudad en la que vivió Sor Juana estaba bien trazada. Era grande y majestuosa con su vista en rojo y blanco, producto del tezontle y la cantera. Aún existía el dique de tiempos de Moctezuma que contenía las lagunas de Chalco y Texcoco; la catedral no estaba terminada.

Sor Juana evidentemente no tenía un conocimiento visual de la ciudad toda vez que estaba enclaustrada y no podía salir de su convento, pero siendo joven pudo apreciar el esplendor naciente desde la corte de los virreyes: hay poemas donde describe hermosamente su ciudad.

Además, la concurrencia que la visitaba en el refectorio del convento de San Jerónimo le pudo en dado caso, informar de los grandes acontecimientos que sucedían: la llegada de funcionarios, los trabajos para la construcción de la Catedral, los autos de fe de la Inquisición, etc, pero sin duda, también de los grandes chismes que terminaban siendo acontecimientos celebrados, desde las andanzas de Martín Garatuza; las novedades de la llamada Monja Alférez, apodo de Catalina de Erauzo, exnovicia que luego fue soldado, o el “berrinche” de don Pedro Vélez Medrano, que por no conseguir un puesto público en Acapulco se convirtió en pirata.

Pero el siglo XVII fue más que chismes y noticias. Es la época del surgimiento del barroco como categoría estética de altos vuelos. Los grandes maestros Juan Correa y Cristobal de Villalpando se consolidan como los mayores pintores del virreinato. La poesía del siglo, inaugurada por el gran poema Grandeza Mexicana de Bernardo de Balbuena, se cimenta con grandes poetas como Luis Sandoval Zapata y la propia Sor Juana. Su publican obras capitales de la historia prehispánica, como la Monarquía Indiana de Fray Juan de Torquemada, así como los primeros “estudios” sobre la Virgen de Guadalupe.

Se ha dicho que Sor Juana está a un paso de la modernidad en sí, porque sus muchos conocimientos, a pesar de estar en la delgada línea de trasgredir las tradiciones canónicas y de rebelarse abiertamente contra el sistema misógino y represivo, en realidad nunca salieron de los terrenos de la teología y la escolástica; mientras que el siglo XVII en Europa fue marco de la ciencia: Pascal adelantó en la geometría, Kepler formuló nuevas leyes sobre la órbita de los planetas, Galileo introdujo nuevas ideas en la mecánica y Newton formuló la ley de gravitación universal.

Sor Juana sin embargo fue como uno de esos alumnos destacados que intuyen el conocimiento antes de que en una clase, el profesor lo confirme. Es verdad que no conoció de los avances de la Revolución Científica de Europa, pero como dice Diana Valencia, del Saint Joseph College (Connecticut): “no le faltó inteligencia, le faltaron lecturas”.

* * *

8. ENTRE BROMAS Y SABIDURÍA

Sor Juana tenía un agudo sentido de observación que es, como hemos mencionado, un requisito esencial para los poetas. Pero a diferencia de muchos creadores que se sienten bien con la pura contemplación, Sor Juana fue una mujer muy activa: utilizando sus conocimientos se desempeñó como contadora del convento de San Jerónimo en por lo menos dos ocasiones; el Neptuno Alegórico, arco triunfal para recibir en 1680  a los nuevos virreyes De la Laguna, fue un encargo que como dio a conocer Carmen Saucedo, le encargó y pagó el Cabildo de la Catedral Metropolitana en 200 pesos.

Sor Juana fue importante en la sociedad de su época. Su amistad con los virreyes, su posición en la administración del convento y el trato con personalidades de otros países le refrendaban su papel. En vida supo que su obra era conocida en Perú y Colombia, sin contar que conoció la publicación de su obra en España en 1689, (tan solo del llamado Segundo Volumen agotó tres ediciones en la ciudad de Barcelona en 1693). En el marco del Primer Festival Musa de los Volcanes, se divulgaron datos que realzan la importancia de Sor Juana (un agradecimiento a David Morales, que les dio voz), como un dicho rescatado por Margo Glantz: “¿Qué traen los galones de la Nueva España? Oro o versos de la madre Juana”.

La poeta de Nepantla fue en su siglo una escritora como las actuales de best-sellers, con la gran diferencia de que su obra era profunda y nada fácil, y que sigue vigente más de 300 años después de muerta.

Pero Sor Juana no se afectó demasiado por su propia fama. Es cierto que ella misma jugaba con el sobrenombre de Décima Musa y que le gustaba que le llamaran El Fénix (“Por Dios que lo quiero ser/ y pésele a quien pesare;/ pues de que me queme yo,/ no hay razón que otro se abrase” Romance XV) pero en realidad tomaba a juego esos devaneos de la fama. Más bien fue modesta; reconocía que sus actividades eran tantas que “Nocturna, más no funesta/ de noche mi pluma escribe,/pues para dar alabanzas/ horas de Laudes elige” (íbidem). Nocturna y solitaria, pues en verdad su mayor pasión, lo que le llenaba, era leer y escribir.

Precisamente por el grado de inteligencia que poseía, supo utilizar un estilo que el Barroco perfeccionó y que podríamos considerar aún existe: a sátira. Sor Juana escribe con agudeza y mordacidad para exponer a sus detractores, o para relatar la realidad de las cosas con un doble sentido muy fino y de gran alcance.

El gran maestro de la sátira fue el español Francisco de Quevedo, y Sor Juana asimiló bien las enseñanzas. Entre broma y broma, la verdad se asoma: si una burla puede ser motivo de risa hay que tener cuidado, de burlones podemos convertirnos en burlados. Sor Juana escribió versos satíricos para demostrar que una gran inteligencia no es necesariamente rígida y aburrida: “Inés, cuando te riñen por Bellaca,/ para disculpas, no te falta Achaque/porque dices, que traque, y que Barraque/ con que sabes muy bien tapar la Caca” (Inés, cuando te riñen por bellaca).

* * *

9. SOR JUANA TRAS BASTIDORES

Sor Juana fue una prolífica escritora que además de dominar la poesía y de escribir algunas prosas memorables incursionó con mucho éxito en el teatro. Algunos críticos, como Guillermo Schmidhuber de la Mora (La primera dramaturga en lengua moderna, Sor Juana Inés de la Cruz) incluso sostienen, que desde el punto de vista de la producción dramática, la Décima Musa fue más una dramaturga que una poeta.

En todo caso, recordemos que Sor Juana “debutó” en 1659 en Amecameca, con una loa escrita para el Santísimo Sacramento que tituló Loa Eucarística…¡a los 8 años de edad! Dicen las crónicas que el entonces vicario de Amecameca, Fray Francisco Muñíz, dijo que la niña Juana sería una muy famosa poeta y de premio le regaló un libro (Marisa Trejo Sirvent, Una introducción a Sor Juana Inés de la Cruz, 2001).

La obra teatral de Sor Juana es basta, pero se centra en tres grandes obras: el Divino Narciso, El Mártir del Sacramento San Hermenegildo, y el Cetro de San José. Son correctamente, “autos sacramentales”, que eran obras teatrales que se interpretaban en algunas ceremonias de la Iglesia como un medio de evangelización. Es un debate entre los especialistas el determinar si Sor Juana en efecto pudo ser una escritora realmente “moderna”, en el sentido de escribir piezas que hablaban de amoríos y de estampas de la vida real, o si por el contrario tan solo utilizó el margen que relativamente tenía en el campo de la religiosidad. Como haya sido, sus piezas son dignas muestras del teatro barroco, con agudas observaciones, un fino manejo de la composición poética (el teatro barroco y el clásico tiene parlamentos poéticos generalmente rimados), la inclusión de ideas filosóficas, como el llamado “amor platónico” o el “narcicismo” y una técnica lograda que seguía de cerca a Calderón de la Barca, el gran genio dramaturgo español, pero que se iba emancipando poco a poco.

Esto es muy importante. La historia del teatro en México es extensa y quizá de las artes más vivas que aún existen, pues había gran teatro en la época prehispánica y junto a Sor Juana brilló como nadie don Juan Ruiz de Alarcón, dramaturgo de gran fama en España que nació en Taxco.

Sor Juana a decir de muchos especialistas, pudo comenzar una literatura que diera cuenta de lo Nacional, de lo Mexicano. Es delicado sostener esto, pero el Divino Narciso, por ejemplo, trata sobre la conquista de México y la implantación de una nueva fe religiosa. El teatro sirve para comunicar, para transmitir ideas y para retratar el mundo en el que vivimos. Tepetlixpa tiene su propia historia del teatro, que podría arrancar con toda su fuerza en las representaciones de Los Doce Pares de Francia y quizá hasta en las escenificaciones de la Semana Santa de inicios del siglo XX. Ojalá que Sor Juana, nacida en Nepantla, sea un estímulo para el teatro no solo de Tepetlixpa, sino de toda la región.

* * *

10. SOR JUANA Y LOS VOLCANES

Llamar a Sor Juana “Musa de los Volcanes” responde a muchas razones. La poetisa, la mujer, la dramaturga e intelectual nació en San Miguel Nepantla en 1648, a mediados del siglo XVII. Los entendidos comentan que para que el genio poético despierte es fundamental la infancia y la adolescencia libre y lúdica, que es cuando el sentido estético se desarrolla. La niña Juana, entre sus juegos infantiles y sus lecturas en la biblioteca de su abuelo, estuvo cobijada por la tranquilidad del valle, con el hermoso telón de fondo de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

La región era realmente una unidad cultural que no se interrumpía por divisiones políticas. Esto hacía que desde Chalco hasta Cuautla existieran relaciones e intercambios culturales, económicos y políticos; “separados” (entre comillas, porque en realidad no lo están) hasta el siglo XIX cuando se creó el Estado de Morelos y Nepantla pasó a ser un límite político.

En el siglo XVII, las cabeceras importantes eran Tlalmanalco, Amecameca, Tenango y Chimalhuacán, dependientes del antiguo señorío de Chalco. Es importante señalar que nuestros pueblos existían desde por lo menos el siglo XIV, así que cuando Sor Juana era niña, vivió los procesos de urbanización que los españoles llevaron a cabo, reduciendo a pobladores de otros barrios o regiones, hacia los centros más cercanos a las cabeceras y fundando barrios y alguno que otro altepetl.

Tepetlixpa en ese entonces era una “visita” de los dominicos, o pueblo sujeto a Chimalhuacán. Nepantla era un barrio del mismo Chimalhuacán, con relaciones curiosas, pues tenía por vecinos a otros barrios y a algunos pueblos sujetos como Mamalhuazuca. Las autoridades coloniales habían validado la tenencia de la tierra, cerca de Nepantla, en favor de otros pueblos; de modo que algunos barrios de Tlalmanalco por ejemplo, tenían tierras cerca de Nepantla. Otro dato importante: según Tomás Jalpa Flores, investigador del INAH, en la región existían barrios habitados por grupos étnicos diferentes, como algún barrio en Tepetlixpa que estaba formado por habitantes de la Mixteca, hábiles artesanos que hacían códices; además de barrios “exclusivos”, como el Acxotlan, en Ozumba, que era de los comerciantes que tenían el monopolio para realizar el tianguis.

La Parroquia de San Esteban, en tiempos de Sor Juana, se estaba reconstruyendo y de esa época es la construcción que conocemos, con cruz latina, torre y cúpula hermosamente decorada con azulejos.

Sor Juana es un ícono de esta región. Sobre la gran mujer han dedicado su trabajo grandes investigadores nacionales y extranjeros, pero es justo mencionar que aquí en Tepetlixpa, un impulsor de los tantos que han estado preocupados por nuestra gran poetisa, fue Norberto Sanvicente, presidente municipal entre 1946 y 1948, oriundo precisamente de Nepantla… Nepantla, “en medio”: lo que está entre el frío y el calor, el punto neutro pero también, el punto para alcanzar inspiración como Sor Juana, quien es digámoslo así, nuestra ilustre paisana.

 

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