
(foto extraída de la Red)
Estamos de lleno en las Fiestas de Muertos y para todos los lectores de este blog tengo una entrada que espero les agrade; pero antes de entrar en materia, les recuerdo que hay que celebrar en grande a nuestros antepasados, hoy 31, a los niños, porque además de ser nuestras raíces, ahora nos representan como tradición. En fin, pónganles su pan y su buena ofrenda y aquí les dejo algo sobre las brujas:
Nuestra idea acerca de las Brujas es riquísima y de una antigüedad interesante, porque identificamos lo mismo a las mujeres europeas del siglo XIV que se acuestan con súcubos, que preparan brebajes y con un alto contenido de sexualidad reprimida vuelan en una escoba, que a los oscuros personajes de la sociedad mexica que los Informantes de Sahagún rescataron del olvido: desde los Temacpalitotique, hechicero o encantador, hasta la Cuitlapanton, “mujer pequeña, enana” que dominaba la noche bajo la protección de Tezcatlipoca.
Las brujas son en todo caso mujeres grises, misteriosas, abominables. Mujeres curanderas, sabias, feas y al mismo tiempo dueñas de una belleza abrumadora. Recordemos que las brujas, en la demonología, son las personas que no sólo han pactado con el diablo, sino que de hecho le sirven y le adoran. Robert Muchembled en su Historia del Diablo analiza a estos seres y concluye que las brujas representan “la violación de los peores tabúes, el modelo de una humanidad que se desviaba completamente de Dios” (p. 108).
Pero fuera de tecnicismos y ensalmos mágicos, caldero y escoba incluidos, las brujas cruzan el cielo del mundo y el de Tepetlixpa como puntos luminosos.
Eso es de suma importancia, porque en el pueblo se cuentan historias de brujas siempre con esa característica. Una esfera o simplemente una bola de luz que se va enrojeciendo atraviesa el espacio. Cobra vida parece; corre por el cielo desde la Escobeta, para atravesar por las calles y de pronto, desaparecer.
Historias de brujas en Tepe hay muchas, sobre todo del Huitlapochi, un ser de fuego que chupa la sangre de los niños y los animales hasta matarlos. Es muy interesante esta historia. Huitlapochi es una corrupción de la voz náhuatl Tlahuipuchme, que literalmente significa “los humos rojos”, hechiceros que según la tradición oral, se convertían a voluntad en bolas de fuego para volar y dañar a sus víctimas. Aquí, volar es lo fundamental. El nahual como hemos visto es sobre todo terrestre, y aunque hay estudios que vinculan a las Tlahuipuchme como nahuales, aquí en Tepe podemos decir que el hombre es nahual, la mujer, bruja.
Las Huitlapochi–Tlahuipuchme, según nuestros abuelos, además de convertirse en bolas de fuego incandescente, podían quitarse las piernas y ponerse unas de guajolote, lo que yo interpreto como una distorsión de la idea del vuelo. Después, rondaban las casas para chupar niños, ese lugar común de historias que está en todo el mundo (pienso en el son veracruzano: ora si ya maldita bruja/ ya te chupastes a mi hijo o en las sorguiñas que describe Pio Baroja en La Dama de Urtubi etc., etc., etc.) y quizá por pudor, en Tepe las Huitlapochi no realizaban aquelarres, ni orgías, ni misas negras (o quién sabe).

(Francisco de Goya,"El Aquelarre", 1798)