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Archivo de la categoría: PERSONAJES HISTÓRICOS DE TEPE

Fiestas Patrias: tradición, pertenencia e identidad I

(Cartel promocional de las Fiestas Patrias de 1949. Foto: M.S.)

Ya en otros post he dejado una aproximación sobre el sentido que los tepetlixpenses otorgamos a las Fiestas. Pareciera ser que es un mero problema lingüístico, pero con cierta reflexión alcanzamos a ver el sentido, la representación y los simbolismos que hay detrás de toda fiesta que sucede en este pueblo. ¿Por qué no hablar entonces de las Fiestas Patrias?

Para este post intentaré hacer un análisis de dos celebraciones patrias realizadas en 1949 y en 1956 con el objeto de observar el sentido de las Fiestas en esos periodos de construcción e identidad social. En último caso, lo que intentaré es que tomemos conciencia sobre estas celebraciones.

Existieron Fiestas Patrias antes de 1949 evidentemente pero no hay muchas evidencias históricas. Sólo sabemos que existían objetos simbólicos como un estandarte de Hidalgo y una bandera conmemorativa que han desaparecido, y que se realizaban actividades de tipo cultural.

(Fiestas Patrias de 1941. Foto: Archivo Fotográfico Ollin Altépetl A.C.)

¿Qué sucedía en el Tepetlixpa de 1949? A grandes rasgos sabemos que se deslindaba el trazo de la actual carretera federal; que continuaban las gestiones para introducir el agua potable; que el proyecto de tianguis local había fracasado y que como parte de la historia nacional, Tepetlixpa entraba en una etapa de grandes oportunidades y profundas crisis económicas al mismo tiempo.

Las Fiestas comenzaban a despuntar en el inconsciente colectivo como partes importantes en la identidad del pueblo. Basta recordar que en 1946 se comenzó a remodelar la Capilla del Calvario para impulsar las fiestas de enero.

Pero es evidente que las Fiestas no se consolidan si no es por acción de la costumbre y de las legitimaciones. Desde los años 30 la figura de las Juntas de Mejoramiento Moral Cívico y Material, fungían como un vínculo entre la sociedad y los gobiernos municipales. En Tepetlixpa para ser precisos, la participación de la Junta (en ese entonces llamada “Patriótica”) fue vital en el conflicto religioso de 1938 y es el más lejano antecedente de una organización mixta (civil y gubernamental) que planteara la necesidad de rescatar para la posteridad a la Parroquia de San Esteban como un monumento artístico e histórico de importancia para Tepetlixpa.

(Carta de designación de un Vocal, 1956. Foto: M.S.)

La Junta funcionaba de manera mixta. El ayuntamiento insaculaba o nombraba de forma directa a un grupo de ciudadanos que por sus características eran, a consideración del Cabildo, idóneas para desarrollar las labores de gestión, organización, administración y captación de recursos para realizar las acciones que el larguísimo nombre describe bien: proponer mejoras al inmobiliario público, sugerir actividades culturales, promover campañas de algún beneficio social y claro, realizar las festividades cívicas.

El primer cliché que debemos quitarnos es pensar que las Juntas se ajustaban a un modelo previo e inamovible. Hacia 1934, por ejemplo, la Junta realizó un programa de eventos para las fiestas patrias que incluía música en vivo al estilo de las grandes bandas norteamericanas, poesía, bailables y brindis de honor con vino tinto. La Junta respondía desde luego a las actitudes y gustos particulares de sus miembros, pero en la realización del evento, incidía en ese inconsciente colectivo que ya he mencionado más arriba.

Los miembros seleccionados, regresando al tema, eran notificados y citados para que rindieran protesta de ley. En términos jurídicos, esa formalidad sirve para consignar públicamente el compromiso en un acuerdo de voluntades. Al tomar protesta de ley, el compromiso va más allá del abstracto valor que llega a tener la palabra empeñada.

(Formato de nombramiento de recaudadores, 1954. Foto: M.S.)

Los miembros, Presidente, Secretario y Vocales, no percibían salario alguno, desde luego. Entres sus atribuciones estaba el nombrar recaudadores (nótese el cargo, tan arraigado en nuestra tradición) para conseguir los fondos que fueran necesarios para llevar a cabo la festividad. Hubo casos desde luego de miembros que desistieron del nombramiento, pero igualmente hubo casos en que una negativa de asistir a la cita era procedida por una orden de presentación ejecutada por la flamante policía municipal: un comandante y un policía.

 

Fiestas Patrias: tradición, pertenencia e identidad III

Finalmente, ¿qué encontramos en las Fiestas Patrias? Ya visto el lado simbólico es justo centrarse en los divertimentos. Hay que considerar claro, la escala de valores de hace 60 años, pero el hombre es el mismo a lo largo del tiempo. En 1949 se programaron cuatro días de festividades: homenajes, desfile, repique de campanas y la parafernalia oficial el día 15 y 16. Los dos restantes se destinaron a darle gusto al gusto como dice el dicho: baile en el Salón de actos y carreras de cintas en el Mercado (nótese además de la evidente funcionalidad, la importancia simbólica del lugar). La nota común es el adjetivo: “lucido”. ¿Lucido porque era más interesante que los bailes de enero? ¿Por qué eran eventos de paga? o ¿por qué se realizaban en el recinto más oficial y formal de Tepetlixpa?

Si eso fue en 1949, ¿qué hay siete años después? Para responder tenemos que retroceder a 1954, un año que debería celebrarse como verdaderamente revolucionario en nuestra historia local, pues fue el año en que la Misión Cultural No. 39, dependiente del gobierno federal, realizó una labor social exhaustiva en Tepetlixpa enseñando oficios, deportes, trabajos, manualidades etc. Actividades tan comunes hoy en día como la apicultura o entrenar básquetbol en la cancha de San Francisco no existirían si la Misión no hubiera intervenido en ese 1954.

(Acta que constituye el Comité Pro-Festejos Patrios, 1956. Foto: M.S.)

Por eso, para 1956 el programa se incrementó notablemente. Abarca del día 15 al día 23 de septiembre. Involucra a un sector muy importante como lo es sin duda el escolar. Con una rimbombante prosa de mediados del siglo XX, justifica el amplio programa en estos términos:

Conciudadanos:/ Hidalgo, apóstol de la iniciación de la causa libertaria, viendo oprimida a la Patria mexicana por la opresión ibera, se reveló (sic) su alma de buen sacerdote y con la fe sublime en la grandiosa obra, hizo sonar la histórica campana de Dolores, cuyas sonoridades marcaron el  principio de la libertad mexicana; haciendo remembranza de tan fausto acontecimiento y para rendir justo en el CXLVI aniversario a quienes con su vida nos dieron Patria y Libertad, el H. Ayuntamiento, la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, el H. Comité Pro-Festejos Patrios y el personal docente, de este lugar han elaborado el siguiente/ programa:”

Y vienen las actividades: homenaje, recitaciones, poesía coral, discursos y velada literario-musical.

En lo que respecta al acontecimiento central, el “Grito”, en 1956 se sigue mencionando una tradición aún vigente pero modificada en el tiempo, el “paseo de las antorchas”, siempre recordando y venerando el poder de un motín. Al día siguiente, desde luego, el desfile y el programa cultural. Por la tarde, los encuentros de básquetbol ya mencionados. Pero sin lugar a dudas algo emocionante y esperado: el primer gran baile de las Fiestas Patrias, amenizado por la “Marimba Orquesta” de Cuautla, Morelos.

17, 18 y 19 fueron los días deportivos. Además del básquet, las carreras de cintas, el día 19 a partir de las ocho de la noche, gran baile amenizado “por el formidable Conjunto Tropical a cargo  del maestro filarmónico Marciano García”.

20, 21 y 22 continuaron el eje deportivo, pero el día 22 a partir de las cuatro de la tarde, el ludismo familiar con los llamados “juegos de cucaña” se adueñó de la Plaza Cívica (¿siguen el recorrido espacial?): palo encebado, marrano encebado, barril encebado, etc.

Finalmente, el día 23 el gran “broche de oro” con las carreras de cintas y con un baile de tipo formal que destaca por el tipo de propaganda que lo describe: “a las 20 hrs. dará principio un elegante y animado baile, con la orquesta Casino, quién le deleitará con las mejores notas musicales de su repertorio”.

(Última página del programa de festejos de 1956. Foto: M.S.)

En conclusión, tenemos una panorámica sobre la importancia de las Fiestas vistas más allá del mero acto y de una suma de eventos. Tenemos que recordar la función simbólica del espacio en Tepetlixpa y la ruptura de toda linealidad que se da en la búsqueda de un centro virtual dónde se realicen actos de esta naturaleza.

Tenemos finalmente que considerar que una Fiesta siempre es arraigo y origina identidad, por lo que debe en la medida de lo posible fomentarla, aunque, visto a través de los testimonios, que no son sino vida encapsulada en papel, lo trascendente (para bien o para mal) será una sola y simple (aparentemente) pregunta:

¿Y usted, cómo vive las Fiestas Patrias?

Gracias por la atención a este larguísimo post. Espero sus comentarios.

 

El Gude, “Pequeño Guerrero” de Tepetlixpa

("El primer gran caminante de Tepetlixpa" (Foto: M.S.)

Tiene un nombre, es evidente. Lo más seguro es que sea Gudelio, pero da igual. Lo mismo sería si fuera Francisco, Ramón o Blas. Su persona no necesita de un artificio tan desgastado como el nombre. En él, la personalidad se siente y la va impregnando por todas las calles y avenidas. El Gude es un personaje entrañable de Tepetlixpa. El único personaje ubicuo, al que puedes encontrar a las once de la noche comiendo un taco en La Colonia o a las tres de la tarde tocando su guitarra en El Mercado (guitarra sin cuerdas hay que decir). Mayordomo emérito, músico de todas las bandas, el  primer  gran caminante de Tepetlixpa. Y sin embargo todo eso no es ni la mínima parte de El Gude.

Si invertimos los signos de la vida podríamos hacer el bosquejo del Gude, que no su biografía. Por principio de cuentas él nos ha superado en la Historia, trasciende en vida y trascenderá porque no se ocupa de cultivar su nombre sino de cargar con su personalidad en todo lo ancho de su mochila. Sordo y mudo, sus discapacidades son en realidad unas riquezas insondables, y no lo digo por convencionalismo, porque El Gude domina el delicado arte del no-lenguaje. No necesita conocer el español, ni preocuparse por los cientos de idiomas que existen en este mundo. Le basta conocer los misterios del silencio, desgarrarlos con un guiño oportuno o gesticular como si en el aire garabateara signos con ayuda de su risa desdentada.

("Mayordomo emérito". Foto: J.S.)

Gude es un personaje, un testigo mudo del cambio, uno de esos individuos a los que apenas mortifica la contingencia. En todo caso se desprende de su hogar (que evidentemente tiene hogar y familia) para entregarse como no existe otra persona en este pueblo a recorrer lo suyo. Inversión de órdenes como digo: no es que el Gude sea de Tepetlixpa, Tepe es en todo caso del Gude.

¿Quién no lo ha visto en el rincón más insospechado? Nuestro personaje lleva como el sombrero sus bondades, que no hay quien considere al Gude un inoportuno. Es agradable verlo. De las legiones de estos personajes, que usualmente son la burla de los niños o la representación en tierra del famosísimo Coco, El Gude inspira todo, menos miedo. Para el Gude siempre hay un taco, una chamarra, una mochila. Ciertamente, Gude es el único sobreviviente de otros personajes que tuvieron su reinado en Tepetlixpa.

Pero Gude tiene una ventaja que quizá sus camaradas de antaño no tuvieron. No provoca miedo; y eso porque El Gude es dueño del lenguaje del silencio. En todo caso, el idioma de las personas de buena voluntad: la sonrisa. En algún momento girará la cabeza hacia su costado y encerrado en un gesto mostrará toda la bondad de la humanidad.

Pero a veces Gude se enoja. En su caso también invierte los signos de su mundo e intenta romper la belleza de su idioma. Gesticula, se enerva, alza los brazos. En una fiesta de San Esteban vi que un borracho le dio un zape y le aventó el sombrero. Gude volteó a verlo con esa sonrisa que ablanda piedras, pero el borracho, inoportuno e ignorante, empujó a Gude que rodó por el suelo. No el atrio, que sería una hipérbole, pero la parte donde quedó el círculo se paralizó. Llovieron las groserías, las bofetadas, los movimientos de desaprobación,  las mentadas de madre sobre el borracho: “¡serás pendejo, no ves que es El Gude!” dijo alguien. Gude, solemne, se levantó de entre el polvo y caminó.

Todo esto, insisto, es un bosquejo. Gude sonríe, no niega la cámara; Gude observa. Con nuestro método de invertir el mundo quizá debamos preguntarnos quién puede decir qué lado es el correcto. Gude camina por la carretera, con un desvencijado violín colgando, con unas botas vaqueras que deben ser mágicas, pues nunca he visto que se queje de cansancio. De pronto se detiene. Algo rompió la tranquilidad del asceta. Mueve la cabeza de un lado a otro, pareciera que percibe con todos los poros de la piel, que puede captar la más pequeña vibración del aire en los agujeros donde algún día tuvo dientes. Gude voltea, me mira. Tiene la mirada fija en un punto invisible de mí (o del universo) que ninguno de nosotros, “normales” según la opinión general, es capaz de advertir. Se diría que Gude ve los colores de las cosas, o el movimiento de los átomos, o que podría, si quisiera romper su mágica ensoñación, reescribir parte por parte el poema De rerum natura de Lucrecio o escribir los versos más tristes esta noche…

(El Jefe dwamish "Pequeño Guerrero")

Estoy hojeando un hermoso libro, Indian Spirit, editado por Michael O. Fitzgerald, para una colección de sabiduría del mundo. Tiene hermosas fotografías de jefes indios de los Estados Unidos, que posan hieráticos con sus atuendos tradicionales. Los textos son de una sabiduría abrumadora. Veo la foto del jefe Dwamish “Pequeño Guerrero”, que parece me está viendo a través del tiempo y el espacio en la fotografía color ocre. Dice su viñeta que los sueños de sus ancestros son obtenidos en las solemnes horas de la noche por el Gran Espíritu, pero que las visiones de su sagrada medicina están grabadas en los corazones de los hombres.

Gude camina sin rumbo fijo. Cuando voltea y se deja ver pareciera que Gude, dueño absoluto de Tepetlixpa, es el jefe Pequeño Guerrero que ha dejado Seattle y a su pueblo Dwamish para caminar bajo el volcán. Lo es sin duda. Los pasos de El Gude también están grabados en los corazones de los hombres.

 

Tepetlixpa, un viaje por el tiempo

(Panorámica de Tepetlixpa, 1950. Foto: ing. Esteban Vergara/Ollin Altépetl A.C.)

(Panorámica de Tepetlixpa, 2010. Foto: M.S.)

Como estoy procesando mucha información para escribir post más serios, quisiera compartirles algunos datos que de manera comparativa nos muestren diversas caras de Tepetlixpa en su historia.  Eso de Tepetlixpa, un viaje por el tiempo, es a propósito de los cambios que vivimos y por la muestra fotográfica que Cultura Ollin Altepetl A.C. ha venido trabajando y exponiendo en diversos foros (actualmente en la Presidencia Municipal). Los invito a visitar dicha muestra y a  seguir mandando comentarios y sugerencias.

  • Antes de 1935 no existía una policía fija. En agosto de ese año, a raíz del Zafarrancho, la población convino en cooperar con 25 centavos diarios por persona para contratar a 3 policías y un comandante en servicio fijo. El primer comandante así elegido fue el antiguo soldado zapatista Albino Álamos.
  • En 1938, una relación de obras de arte de la Parroquia, señala la existencia de un “óleo representando a San Esteban” y otro del mismo santo “siendo apedreado”. No hay manera de comprobarlo, pero podrían ser pinturas que pertenecían al retablo, hoy perdidas.
  • En la misma época Nepantla y Cuecuecuauhtitla se consideraban, respectivamente, parte de la Tercera y la Segunda Sección del pueblo de Tepetlixpa, de tal modo que en las elecciones, los ciudadanos de ambas delegaciones tenían que votar en la cabecera. El padrón electoral, por cierto, era de 301 ciudadanos con derecho al voto.
  • En 1958, los cultos religiosos en Tepetlixpa se dividían en dos grupos: católicos apostólicos romanos, atendidos religiosamente por el sacerdote Jacobo Hernández, y cristianos evangélicos, con un templo sin denominación y atendidos por el pastor Daniel Guerrero.
  • Antes de la flamante nomenclatura de nuestras actuales calles, entre 1920 y 1930 sólo se utilizaba como referencia el nombre del barrio: Tepehualco, Huehuetepetl, Crustitla, Tlayelpa, San Juan, Xolalpa, Pozotitla, Tlatempa, Axotla, Cuahnalá, Xochitla, Buenavista, Xocotla, etc. (¿reconoce su barrio?). Luego a inicios de los años 40, quizá como una política del simbolista y reconocido pronazi Wenceslao Labra, algunas calles se llamaron “Berlín”, “Zeppelín” o más poéticamente “De las Flores”.
  • Finalmente veamos a una generación de niños de la revolución. En 1920, la maestra Lorenza Gil, directora de la escuela elemental de Tepetlixpa “Presidente Benito Juárez” (no confundir con la actual escuela federalizada) al aplicar el examen colectivo de conocimientos, reconoce el brillantísimo papel de las alumnas y suplica al inspector, Dr. Alfonso Domínguez, que para estimularlas, se les obsequie juguetes como premio, para “que se hagan dichosas a esas inocentes, que después de tanta desolación y aún en medio de tanta calamidad no conocen un juguete”.
 

7 datos históricos sobre la Feria de Tepetlixpa

1. Aunque mucho se ha mencionado en este espacio: el barrio de Panchimalco existe desde finales del siglo XVII. En ese lugar se construyó una capilla en donde, más de 100 años después según la tradición, los pobladores de Tepetlixpa colocaron la la imagen del Dulce Nombre de Jesús. Al mismo tiempo se reconstruía la parroquia de San Esteban agregándole torre y cúpula.

2. Entre 1942-1944 se decide construir un templo más amplio que la antigua capilla. La imagen del Dulce Nombre de Jesús permanecía en la parroquia mientras se realizaban las obras. Cerca de la fiesta, la imagen era llevada a su templo en solemne procesión y las peregrinaciones de la época traían materiales de construcción como “limosna” para que el templo fuera terminado rápidamente.

(Capilla del Calvario. Años 40. Foto: D.R. de la Colección Particular E.C.F.)

3. La importancia económica de la fiesta fue un factor importante para que las autoridades intervinieran directamente en su organización. Datos contables de 1935 son un claro ejemplo: la recaudación por pago de derechos y licencias en el mes de enero arrojó un total de $385. En febrero, por concepto de predial, $119. (Salario del presidente municipal $1.75 al día).

4. El ayuntamiento emitía nombramientos para que ciudadanos de cada Sección realizaran la “recaudación” destinada a cubrir los gastos originados por la fiesta, sobre todo por concepto de jaripeos. Los Jefes de Manzana (antigua figura administrativa) tenían el encargo de velar por la integridad del ganado, procurarles alimentos y vigilar que no fueran a ser robados: “pues deben de tener en cuenta que en estas fiestas solamente nosotros como Ciudadanos y Vecinos de esta estamos obligados a hacerlo”.

(Nombramiento de recaudadores para Jaripeo. Foto: M.S.)

5. Por lo mismo, se vigilaba el estricto cumplimiento de las obligaciones surgidas con motivo de la Fiesta. Leamos, enero de 1950: “El señor Asencio Galván… está comprometido para el día de la fiesta del veinte de enero para tocar con los danzantes de vaqueros. Por lo mismo se suplica a las autoridades de esa jurisdicción que la presente vieren se eximan de otros compromisos que puedan haber”.

(Constancia para el músico Ascencio Galván. Foto: M.S.)

6. Danzas… regresemos al año de 1935 para conocer lo que volvía locas a las personas antes de que hubiera chinelos: “Danza “azteca”, “Pastoras”, “Pastorela”, “Negros”, “Vaqueros”, “Mixtecos”, “Moros de Careta”, “Contra-Danza de Vals”, “Música Azteca del Estado de Puebla”. Firma, C. Vicente Trinidad Flores, presidente municipal de Tepetlixpa.

7. Pero una fiesta no solo son danzas. Para la diversión de chicos y grandes, una “Fiesta Titular” como la que describe el presidente  Vicente Flores incluía también: “Chirimía, Bailes Públicos, Jaripeos, Circos, Volantines, fuegos artificiales y toda clase de juegos permitidos por la ley. “CARNABAL” [sic] comparsas de disfraces, amenizados estos actos con la Banda de Música Municipal”.

 

Sor Juana y sus fiestas

Me disculpo por haber dejado este blog durante un tiempo, pero eso de andar hurgando papeles es más complicado de lo que parece. Sin embargo, quisiera dejarles un poco de esas búsquedas a propósito de Sor Juana, que siempre será nuestra referencia y también porque Nepantla ocupa un lugar importante en el corazón de Tepetlixpa.

No es posible rastrear si en el siglo XIX o antes hubo interés por la vida de Sor Juana en Tepetlixpa, pero por fortuna hay muchos datos sobre el siglo XX. La Memoria de Gobierno de 1938 que contiene el programa del coronel Vicente Trinidad Flores, además de la creación de servicios públicos, propone que se inmortalice a Sor Juana con un monumento, pues:

siendo en el pueblo de Nepantla… donde vio por primera vez la luz del Mundo la Gran poétisa [sic] sor Juana Inés de la Crúz, es de justicia, no se borre para siempre su recuerdo, pues la casa donde nació amenaza con desaparecer para siempre”. (Memoria de Gobierno, 14 de febrero de 1938).

Recuperar la casa de Sor Juana fue la primera manera de ocuparse de nuestra paisana, y significó además comenzar el proceso de apropiación con el pie derecho.

("El Caracol". Foto: J.S.)

Por otro lado, es muy importante que dos presidentes municipales hayan sido oriundos de Nepantla en esa época, situación que hasta ahora no se ha repetido. Sotero Pérez Morales y luego Norberto Sanvicente pudieron entender mejor que los demás presidentes la importancia de Sor Juana, tanto como que eran sus auténticos paisanos. La época que relatamos es convulsa, apenas abriéndose paso tras la violencia de la Revolución, pero se pueden rastrear esfuerzos por identificar a Sor Juana con Nepantla, por ejemplo, al llamar así a la escuela primaria del lugar.

Para la década de los cuarenta, la política del gobierno federal consistió en involucrar a la población en la dinámica de las comunidades y se crearon las Juntas de Mejoras Morales, Cívicas y Patrióticas. En Tepetlixpa, no podemos entender la evolución material del pueblo sin la participación de estos organismos, pero tampoco podemos visualizar las festividades cívicas. Llenos de un furor por el culto a los héroes, los antiguos habitantes del Cerro se enfrascaron en desfiles, veladas literarias, discursos y torneos deportivos; en bailes, concursos de belleza, exposiciones y comilonas para celebrar a los “santos” del calendario oficial. No es extraño que esa racha de héroes alcanzara a la monja jerónima, pero Sor Juana tuvo que ver con la admiración que le profesaba un político…

Isidro Fabela (gobernador entre 1942-1945) tenía una auténtica devoción por la poetisa que se reflejó en el empeño que puso en rescatar no solo su figura sino su obra. Fue volver sobre la monja, ordenar que de ahí en adelante, en documentos oficiales se pusiera “Nepantla de Sor Juana Inés de la Cruz”, que se celebrara el día de su nacimiento y el de su muerte; involucrar a las escuelas, a la comunidad y a las autoridades.

Eso que consiguió Fabela es fundamental porque a partir de él, sus sucesores se interesarán más en la figura de Sor Juana.

Desde 1949 hay registros de los “homenajes” a Sor Juana que se realizaron en Nepantla. Homenajes-órdenes en realidad:

En el monumento erigido a su memoria en ese lugar, ruego a usted que de acuerdo con las autoridades civiles de [Nepantla] se formule el programa de los actos que se desarrollaran en esa fecha, ya que es una orden del Gobierno no dejarla pasar desapercibida. (Oficio 296, exp. F-13/949)

El ayuntamiento transmitía el mensaje e involucraba a sus comisarios civiles de Nepantla y Cuecuecuauhtitla (sí, con “h”), a los directores de las escuelas (la “Superior Mixta” de Tepetlixpa y las dos rurales de las delegaciones: Ignacio Zaragoza en Cuecuecuauhtitla y Sor Juana Inés de la Cruz en Nepantla) y de refilón, a la sociedad civil.

Esas primeros festejos Sorjuanistas comenzaron a incluir música para diversión del pueblo, con sus cosas chuscas e inesperadas, como el tener que recorrer dos días el festejo porque “la música solamente se pudo conseguir para ese día”. Poesía, cantos corales, discursos… es muy sorprendente encontrar en los oficios la manera de llamar al homenaje: “la festividad en honor de la poetisa Sor Juana Inés de la Cruz”. Festividad. La vinculación con lo esencial, la asimilación a las fiestas religiosas, la Fiesta en pocas palabras. Sor Juana comenzaba a regresar a casa.

Esta primera etapa de homenajes-festividades, concluiría en 1956. La fecha es como un parteaguas. Años atrás, significan celebraciones de tipo oficialista. Años adelante, la pérdida del oficialismo para caer en el ritualismo de una fecha burocratizada, pero algo más, los orígenes de festejos por parte exclusiva de la población.

En 1956 se realizó el primer festejo Sorjuanista de carácter regional. Una Comisión compuesta por la Inspección Regional Escolar y las autoridades municipales organizó un auténtico festival para celebrar los 261 años de la muerte de Sor Juana. Entre escuelas, delegaciones y ayuntamientos, la “festividad” contó con la participación de grupos de Chimalhuacán, Tlacotitlan, la colonia Guadalupe Hidalgo, Tepecoculco, San Rafael, Tepetlixpa y Nepantla. Sobre todo Nepantla. La ceremonia comenzó a las once de la mañana, con “ofrenda floral ante el monumento a Sor Juana Inés de la Cruz, a cargo de los vecinos del lugar”, ofrenda previa a la de las autoridades. Luego otro acto de primer orden: “Discurso a cargo del Sr. Norberto Sanvicente”. Y sobre las festividades, la idea de inclusión regional: “los números musicales estarán a cargo por una orquesta del pueblo de Tepetlixpa”.

Sor Juana: 50 años de festividades en la Cara del Cerro. Sor Juana, ícono regional. Esta historia, como se suele decir, continuará.

 
 
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