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Archivo de la categoría: MÚSICA EN TEPETLIXPA

Fiestas Patrias: tradición, pertenencia e identidad I

(Cartel promocional de las Fiestas Patrias de 1949. Foto: M.S.)

Ya en otros post he dejado una aproximación sobre el sentido que los tepetlixpenses otorgamos a las Fiestas. Pareciera ser que es un mero problema lingüístico, pero con cierta reflexión alcanzamos a ver el sentido, la representación y los simbolismos que hay detrás de toda fiesta que sucede en este pueblo. ¿Por qué no hablar entonces de las Fiestas Patrias?

Para este post intentaré hacer un análisis de dos celebraciones patrias realizadas en 1949 y en 1956 con el objeto de observar el sentido de las Fiestas en esos periodos de construcción e identidad social. En último caso, lo que intentaré es que tomemos conciencia sobre estas celebraciones.

Existieron Fiestas Patrias antes de 1949 evidentemente pero no hay muchas evidencias históricas. Sólo sabemos que existían objetos simbólicos como un estandarte de Hidalgo y una bandera conmemorativa que han desaparecido, y que se realizaban actividades de tipo cultural.

(Fiestas Patrias de 1941. Foto: Archivo Fotográfico Ollin Altépetl A.C.)

¿Qué sucedía en el Tepetlixpa de 1949? A grandes rasgos sabemos que se deslindaba el trazo de la actual carretera federal; que continuaban las gestiones para introducir el agua potable; que el proyecto de tianguis local había fracasado y que como parte de la historia nacional, Tepetlixpa entraba en una etapa de grandes oportunidades y profundas crisis económicas al mismo tiempo.

Las Fiestas comenzaban a despuntar en el inconsciente colectivo como partes importantes en la identidad del pueblo. Basta recordar que en 1946 se comenzó a remodelar la Capilla del Calvario para impulsar las fiestas de enero.

Pero es evidente que las Fiestas no se consolidan si no es por acción de la costumbre y de las legitimaciones. Desde los años 30 la figura de las Juntas de Mejoramiento Moral Cívico y Material, fungían como un vínculo entre la sociedad y los gobiernos municipales. En Tepetlixpa para ser precisos, la participación de la Junta (en ese entonces llamada “Patriótica”) fue vital en el conflicto religioso de 1938 y es el más lejano antecedente de una organización mixta (civil y gubernamental) que planteara la necesidad de rescatar para la posteridad a la Parroquia de San Esteban como un monumento artístico e histórico de importancia para Tepetlixpa.

(Carta de designación de un Vocal, 1956. Foto: M.S.)

La Junta funcionaba de manera mixta. El ayuntamiento insaculaba o nombraba de forma directa a un grupo de ciudadanos que por sus características eran, a consideración del Cabildo, idóneas para desarrollar las labores de gestión, organización, administración y captación de recursos para realizar las acciones que el larguísimo nombre describe bien: proponer mejoras al inmobiliario público, sugerir actividades culturales, promover campañas de algún beneficio social y claro, realizar las festividades cívicas.

El primer cliché que debemos quitarnos es pensar que las Juntas se ajustaban a un modelo previo e inamovible. Hacia 1934, por ejemplo, la Junta realizó un programa de eventos para las fiestas patrias que incluía música en vivo al estilo de las grandes bandas norteamericanas, poesía, bailables y brindis de honor con vino tinto. La Junta respondía desde luego a las actitudes y gustos particulares de sus miembros, pero en la realización del evento, incidía en ese inconsciente colectivo que ya he mencionado más arriba.

Los miembros seleccionados, regresando al tema, eran notificados y citados para que rindieran protesta de ley. En términos jurídicos, esa formalidad sirve para consignar públicamente el compromiso en un acuerdo de voluntades. Al tomar protesta de ley, el compromiso va más allá del abstracto valor que llega a tener la palabra empeñada.

(Formato de nombramiento de recaudadores, 1954. Foto: M.S.)

Los miembros, Presidente, Secretario y Vocales, no percibían salario alguno, desde luego. Entres sus atribuciones estaba el nombrar recaudadores (nótese el cargo, tan arraigado en nuestra tradición) para conseguir los fondos que fueran necesarios para llevar a cabo la festividad. Hubo casos desde luego de miembros que desistieron del nombramiento, pero igualmente hubo casos en que una negativa de asistir a la cita era procedida por una orden de presentación ejecutada por la flamante policía municipal: un comandante y un policía.

 

Fiestas Patrias: tradición, pertenencia e identidad III

Finalmente, ¿qué encontramos en las Fiestas Patrias? Ya visto el lado simbólico es justo centrarse en los divertimentos. Hay que considerar claro, la escala de valores de hace 60 años, pero el hombre es el mismo a lo largo del tiempo. En 1949 se programaron cuatro días de festividades: homenajes, desfile, repique de campanas y la parafernalia oficial el día 15 y 16. Los dos restantes se destinaron a darle gusto al gusto como dice el dicho: baile en el Salón de actos y carreras de cintas en el Mercado (nótese además de la evidente funcionalidad, la importancia simbólica del lugar). La nota común es el adjetivo: “lucido”. ¿Lucido porque era más interesante que los bailes de enero? ¿Por qué eran eventos de paga? o ¿por qué se realizaban en el recinto más oficial y formal de Tepetlixpa?

Si eso fue en 1949, ¿qué hay siete años después? Para responder tenemos que retroceder a 1954, un año que debería celebrarse como verdaderamente revolucionario en nuestra historia local, pues fue el año en que la Misión Cultural No. 39, dependiente del gobierno federal, realizó una labor social exhaustiva en Tepetlixpa enseñando oficios, deportes, trabajos, manualidades etc. Actividades tan comunes hoy en día como la apicultura o entrenar básquetbol en la cancha de San Francisco no existirían si la Misión no hubiera intervenido en ese 1954.

(Acta que constituye el Comité Pro-Festejos Patrios, 1956. Foto: M.S.)

Por eso, para 1956 el programa se incrementó notablemente. Abarca del día 15 al día 23 de septiembre. Involucra a un sector muy importante como lo es sin duda el escolar. Con una rimbombante prosa de mediados del siglo XX, justifica el amplio programa en estos términos:

Conciudadanos:/ Hidalgo, apóstol de la iniciación de la causa libertaria, viendo oprimida a la Patria mexicana por la opresión ibera, se reveló (sic) su alma de buen sacerdote y con la fe sublime en la grandiosa obra, hizo sonar la histórica campana de Dolores, cuyas sonoridades marcaron el  principio de la libertad mexicana; haciendo remembranza de tan fausto acontecimiento y para rendir justo en el CXLVI aniversario a quienes con su vida nos dieron Patria y Libertad, el H. Ayuntamiento, la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, el H. Comité Pro-Festejos Patrios y el personal docente, de este lugar han elaborado el siguiente/ programa:”

Y vienen las actividades: homenaje, recitaciones, poesía coral, discursos y velada literario-musical.

En lo que respecta al acontecimiento central, el “Grito”, en 1956 se sigue mencionando una tradición aún vigente pero modificada en el tiempo, el “paseo de las antorchas”, siempre recordando y venerando el poder de un motín. Al día siguiente, desde luego, el desfile y el programa cultural. Por la tarde, los encuentros de básquetbol ya mencionados. Pero sin lugar a dudas algo emocionante y esperado: el primer gran baile de las Fiestas Patrias, amenizado por la “Marimba Orquesta” de Cuautla, Morelos.

17, 18 y 19 fueron los días deportivos. Además del básquet, las carreras de cintas, el día 19 a partir de las ocho de la noche, gran baile amenizado “por el formidable Conjunto Tropical a cargo  del maestro filarmónico Marciano García”.

20, 21 y 22 continuaron el eje deportivo, pero el día 22 a partir de las cuatro de la tarde, el ludismo familiar con los llamados “juegos de cucaña” se adueñó de la Plaza Cívica (¿siguen el recorrido espacial?): palo encebado, marrano encebado, barril encebado, etc.

Finalmente, el día 23 el gran “broche de oro” con las carreras de cintas y con un baile de tipo formal que destaca por el tipo de propaganda que lo describe: “a las 20 hrs. dará principio un elegante y animado baile, con la orquesta Casino, quién le deleitará con las mejores notas musicales de su repertorio”.

(Última página del programa de festejos de 1956. Foto: M.S.)

En conclusión, tenemos una panorámica sobre la importancia de las Fiestas vistas más allá del mero acto y de una suma de eventos. Tenemos que recordar la función simbólica del espacio en Tepetlixpa y la ruptura de toda linealidad que se da en la búsqueda de un centro virtual dónde se realicen actos de esta naturaleza.

Tenemos finalmente que considerar que una Fiesta siempre es arraigo y origina identidad, por lo que debe en la medida de lo posible fomentarla, aunque, visto a través de los testimonios, que no son sino vida encapsulada en papel, lo trascendente (para bien o para mal) será una sola y simple (aparentemente) pregunta:

¿Y usted, cómo vive las Fiestas Patrias?

Gracias por la atención a este larguísimo post. Espero sus comentarios.

 

¿Música tradicional?

(Música acompañando peregrinación. Foto: J.S.)

Tepetlixpa es un pueblo de larga tradición musical. Las primeras agrupaciones surgieron a inicios del siglo XX y se consolidaron después de la Revolución, cuando incluso, se dio una cooperación mutua entre las autoridades y los “maestros filarmónicos” como dicen los documentos, para que los acontecimientos públicos fueran amenizados musicalmente; además de que la cantidad de bailes que se organizaban en esa época era mayor de la que podemos imaginar.

El momento “cumbre” de la música (y los músicos) de Tepetlixpa se dio desde mediados de dicho siglo, cuando surgieron agrupaciones de música tropical y orquestas que trascendieron regionalmente. Fue su época de bombo y platillo en la que alternaban con las agrupaciones consagradas como la de Carlos Campos; en la que los músicos en lo individual lo mismo tocaban danzones que ese nuevo ritmo del “rock and roll”; incluso que se colocaran en bandas y orquestas más sofisticadas, y la referencia es obligada: el maestro Filiberto Ortiz de la banda filarmónica de la Secretaría de Marina en gira por Europa.

Después de las orquestas, la música de Tepetlixpa siguió un recorrido adecuándose a las pautas de la moda: los conjuntos tropicales en los 80, las primeras bandas de estilo sinaloense en los 90, el movimiento sonidero (una de las minorías más interesantes de Tepetlixpa) y los grupos musicales del ámbito religioso.

Con estos antecedentes hay que preguntarse, ¿entonces, hay música tradicional en Tepetlixpa? Para intentar una respuesta tenemos que considerar que la cercanía con Morelos y los préstamos culturales (cuando no la franca aculturización) han contribuido a definir el panorama. Por ello, la primera música “tradicional” sería la que provino de la tradición del corrido, llena de noticias y hechos de la Revolución. Para nuestra desfortuna, los últimos trovadores de este pueblo se murieron sin que fueran realmente rescatados. Desconozco si se han perdido las letras, pero existió un “Corrido de la Batalla de Nepantla”, directamente surgido de la época y luego, usando la técnica de las cuartetas octosílabas, se escribieron algunos corridos sobre el Zafarrancho (en los años 30 tan mentados en este blog) y muchísimos más sobre la Feria de Tepetlixpa, los montadores de toros (“El corrido del Titiasca” es muy famoso) y desde luego, sobre el Dulce Nombre de Jesús.

El segundo grupo de música “tradicional” tiene que ver con los procesos afectivos y el imaginario trascendental de las personas de este pueblo (que equivaldría a la “función de representación simbólica” de la que habla Alan Merriam). Música para danzas, para amenizar las representaciones de teatro, música religiosa. Es en este grupo donde se inserta la música más original de Tepetlixpa porque no responde a un criterio de moda, ni a un fin económico sino a sus, precisamente, representaciones de la vida y del universo.

Pero a esta declaración tan enfática debemos oponer muchas salvedades. La música religiosa se basa en las necesidades litúrgicas y muchas han sido adaptaciones de pasajes bíblicos. Las danzas, tomando en cuenta que la mas importante, el chinelo, no es originario de Tepetlixpa, han tomado ritmos más jocosos o interpolado canciones comerciales para cumplir su fin orgiástico. Quedaría entonces un estrechísimo reducto para hablar de una música tradicional de Tepetlixpa, presente en las poquísimas danzas que aún subsisten, sobre todo la de los “Moros con Garrote”. Música de chirimía, violín y tambora, flauta transversa o de carrizo es la que inunda el pueblo con cara de cerro en ocasiones especiales. Quedaría por indagar si las melodías en efecto son típicas de esta región o son otros préstamos culturales, pero dejo abierta esa solución para voces más autorizadas. Lo que me interesa compartirles es que aquellos músicos pasan desapercibidos en las grandes fiestas porque su música no cuenta con estruendosas bocinas ni tiene un ritmo y una melodía emocionante. Los sonidos son repetitivos, nostálgicos, llenos de patetismo y de historias que no a muchos interesan; pero finalmente se trata de una música original que ha subsistido años y años por personas que se preocuparon de heredar su oficio a algún interesado. Y digo interesado y no hijo, que hay una anécdota que oí un día a uno de nuestros viejecitos. Contaba que un músico de violín, que tocaba en la Danza de las Pastoras, siempre quiso enseñarle a su hijo el oficio y éste jamás aceptó. El día que murió el músico le preguntaron al hijo si seguiría tocando el violín y les respondió airado: “después del cajón, lo que aventé al hoyo fue el pinche violín”.

Así la música tradicional. Quizá no vayamos a crear una tradición sin antes cimentar bien nuestra cultura como pueblo, pero es muy importante rescatar la que aún sobrevive. Les comparto un pequeño video con una muestra de esta música. Se trata de los músicos que recorren las calles de Tepetlixpa antes de la Semana Santa para “anunciar” que vienen los días de guardar. Tiene un gran parecido con la música de los Moros y resulta enternecedor ver a los dos hombres caminando bajo el sol tocando para el que los oiga…

Y como colofón, los mismos músicos, pero en Viernes Santo y con una variante de la música:

 

7 datos históricos sobre la Feria de Tepetlixpa

1. Aunque mucho se ha mencionado en este espacio: el barrio de Panchimalco existe desde finales del siglo XVII. En ese lugar se construyó una capilla en donde, más de 100 años después según la tradición, los pobladores de Tepetlixpa colocaron la la imagen del Dulce Nombre de Jesús. Al mismo tiempo se reconstruía la parroquia de San Esteban agregándole torre y cúpula.

2. Entre 1942-1944 se decide construir un templo más amplio que la antigua capilla. La imagen del Dulce Nombre de Jesús permanecía en la parroquia mientras se realizaban las obras. Cerca de la fiesta, la imagen era llevada a su templo en solemne procesión y las peregrinaciones de la época traían materiales de construcción como “limosna” para que el templo fuera terminado rápidamente.

(Capilla del Calvario. Años 40. Foto: D.R. de la Colección Particular E.C.F.)

3. La importancia económica de la fiesta fue un factor importante para que las autoridades intervinieran directamente en su organización. Datos contables de 1935 son un claro ejemplo: la recaudación por pago de derechos y licencias en el mes de enero arrojó un total de $385. En febrero, por concepto de predial, $119. (Salario del presidente municipal $1.75 al día).

4. El ayuntamiento emitía nombramientos para que ciudadanos de cada Sección realizaran la “recaudación” destinada a cubrir los gastos originados por la fiesta, sobre todo por concepto de jaripeos. Los Jefes de Manzana (antigua figura administrativa) tenían el encargo de velar por la integridad del ganado, procurarles alimentos y vigilar que no fueran a ser robados: “pues deben de tener en cuenta que en estas fiestas solamente nosotros como Ciudadanos y Vecinos de esta estamos obligados a hacerlo”.

(Nombramiento de recaudadores para Jaripeo. Foto: M.S.)

5. Por lo mismo, se vigilaba el estricto cumplimiento de las obligaciones surgidas con motivo de la Fiesta. Leamos, enero de 1950: “El señor Asencio Galván… está comprometido para el día de la fiesta del veinte de enero para tocar con los danzantes de vaqueros. Por lo mismo se suplica a las autoridades de esa jurisdicción que la presente vieren se eximan de otros compromisos que puedan haber”.

(Constancia para el músico Ascencio Galván. Foto: M.S.)

6. Danzas… regresemos al año de 1935 para conocer lo que volvía locas a las personas antes de que hubiera chinelos: “Danza “azteca”, “Pastoras”, “Pastorela”, “Negros”, “Vaqueros”, “Mixtecos”, “Moros de Careta”, “Contra-Danza de Vals”, “Música Azteca del Estado de Puebla”. Firma, C. Vicente Trinidad Flores, presidente municipal de Tepetlixpa.

7. Pero una fiesta no solo son danzas. Para la diversión de chicos y grandes, una “Fiesta Titular” como la que describe el presidente  Vicente Flores incluía también: “Chirimía, Bailes Públicos, Jaripeos, Circos, Volantines, fuegos artificiales y toda clase de juegos permitidos por la ley. “CARNABAL” [sic] comparsas de disfraces, amenizados estos actos con la Banda de Música Municipal”.

 

Poesía para Sor Juana

Invitación lectura jueves

Para festejar el 361 cumpleaños de Sor Juana, la recién formada Asociación de Escritores de Tepetlixpa, en coordinación con Cultura Ollin Altepetl y el Consejo Ciudadano para la Preservacion del Patrimonio Cultural de Tepetlixpa, invita a un programa cultural que incluirá cine, música y poesía.

La cita es el próximo jueves 12 de noviembre a partir de las 18:00 hrs, en el claustro de la parroquia de San Esteban. Sí, a veces hay suspicacia por el lugar, pero es nuestra mayor joya histórica y con la remodelación que está efectuándose tiene un ambiente increíble… y la mejor vista de Tepetlixpa.

Están todos invitados.

 

Banda Filarmónica Santa María Tepantlali Mixe

(foto: J.S.)

(foto: J.S.)

La música es el único lenguaje humano que se escapa del signo. Germán Plascencia en un ensayo titulado Desatadura y atadura, dice que el canto y los cánticos “permiten emitir sonidos que llevan a estados transitables, rítmicos… que no se revisten de efectos de sentido y que no se montan en palabras… permiten entrar al mundo haciéndolo vibrar”.  La música, como lenguaje, nos transporta a todos los lugares físicos y al continente mismo del subconsciente. Pero la música, una vez que el artista la exterioriza, cobra muchas funciones además de esos instantes melómanos.

Alain Merriam en su clásico estudio Antropología de la Música, propone 10 funciones que tiene la música, de las que yo destacaría el goce estético, la comunicación, el refuerzo de las normas sociales y la continuidad y estabilidad de una cultura. En estos tiempos de globalización, la democratización de los medios permite que la música popular vaya cobrando su importancia y entonces, la música es no sólo una expresión artística-cultural, sino un patrimonio de los pueblos.

En la Cara del Cerro, siguiendo con el programa del Segundo Festival Internacional Musa de los Volcanes, la Parroquia de San Esteban fue marco para la presentación de la Banda Filarmónica de Tepantlali Mixe, una banda de música tradicional oaxaqueña conformada por alrededor de 40 niños.

Los niños, de 4 años el más pequeño, toman el instrumento como un juguete (ni hablar de lo emotivo que es ver que el niño sea más pequeño que su tambora) ¿pero qué actividad artística no comienza como juego? La diversión es fundamental para que una acción se convierta en pasión, y estos niños demostraron que su música corresponde a una pasión incipiente y no solo al rigor de la disciplina.

La estabilidad de la cultura que señala Merriam es un factor crucial en la Banda Tepantlali. Formalmente fundada en 1958 por el maestro Bernardo Reyes Pérez (la tradición dicta que existe una banda en el pueblo por lo menos desde 1900), los músicos de ese pueblito mixe han preservado sus tradiciones utilizando los recursos formales de la  técnica y de la composición, factor importante para el rescate del patrimonio sonoro, pues mientras existan maestros compositores y alumnos entusiastas es posible  preservarlo del olvido y del tiempo.

(foto: M.S.)

La banda tradicional, en este tiempo tiene una proyección más importante y más homogénea. No sólo porque se “redescubre” como una propuesta “nueva” (fuera del mercado consumista/popular), sino porque originalmente creada para cumplir fines rituales y normativos dentro de la cultura propia de los pueblos, hoy es considerada al mismo nivel que la música clásica y le disputa un espacio a la contemporánea.

Tepetlixpa es un pueblo donde han existido grandes músicos y tiene su mito local con ese experimento sonoro en el disco Adiós a los Beatles, de la Banda Plástica de Tepetlixpa,. Con esa tradición a cuestas no podía recibir de otra manera a otros músicos…

Y la banda inundó el espacio con sones y con historias sonoras de Oaxaca.

 
 
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