
(Paxcona, "la razón de la sinrazón": Foto: M.S.)
Describirlo es tan difícil que apenas se puede hacer eso. En un primer acercamiento sería como el personaje del poema Walking around de Pablo Neruda, pero reconozco mis métodos para enfrentar a estos personajes de Tepetlixpa como pequeños (¿arbitrarios?) tributos ante lo insondable de su vida. Reconozco la temeridad de explicar lo inexplicable, pero también quiero alzar la voz por ellos y es que precisamente, Paxcona tiene otra voz, un lenguaje misterioso que señala al infinito que lo rodea. Quizá describe los colores de las emociones o los sonidos que producen los quejidos del pavimento; puede que nos cuente todas sus miserias y recuerdos de cuando andaba en su pueblo cargando costales de tierra. Puede que la dignidad humana sea tan fuerte que dentro de su enfermedad, Paxcona se rehúsa a caer en el abismo de la incomprensión y con sus movimientos se aferra a la razón. Puede.
El respeto que merece no sólo Paxcona sino todas las personas que están en su situación es que no se les encasille o se les tenga lástima. Fuera de los tecnicismos, los medicamentos y los encierros hospitalarios, estas personas son a un tiempo la lucha contra la alteridad y una crítica a la razón humana. Nos dicen que la razón es una idea tan contingente que no nos hace más importantes que el resto de los animales. Nos previenen que la verdadera humanidad está en el grado de generosidad y fraternidad que exista en nuestras relaciones; que somos más humanos entre más altruistas, comprensivos y cooperativos seamos, en fin, mientras más dignos seamos de hacer realidad la idea de humanidad.
Paxcona es pues el portavoz de estas observaciones. Digo Paxcona porque desconozco su nombre de pila y quizá así sea mejor, como sea es el nombre por el que todo mundo lo ubica y habla de él. Se le puede ver en la Primera parada, haciendo movimientos sin sentido al paso de los coches o sentado en una banqueta, pero siempre en ese lugar. El dilema es que nuestro personaje no siempre fue así. Hace años aún vendía tierra de encino y tenía nociones del tiempo y el espacio. Hoy se ve atado a una monomanía de estar en la parada, la Primera de este pueblo, tostándose, juntando basuras y botellas que sólo él sabe para qué sirven; mueve los brazos, hace gestos, está en la completa movilidad, siempre la movilidad.
Para facilitar las cosas todos lo consideran loco. Pero loco es una palabra agresiva y fuera de contexto para hablar del Paxcona. Locos los que salvó Jesucristo y metió en cerdos. El loco es producto de la alteridad, del que no es como nosotros. El Paxcona será loco para que podamos ignorarlo y no tener cargos de conciencia al ver su degradación y no hacer nada al respecto. Definitivamente, no puede ser un loco a secas.
Podríamos decir (aunque eso no salva nuestra alteridad) que Paxcona como los físicos o los poetas, busca otras formas de expresión que le permiten la disolución de su ser, la construcción de un mundo más allá de la nostalgia por ser diferente; aunque en esta difícil (y arbitraria) explicación, podríamos decir que el lenguaje que nos manifiesta tiene raíz en la contradicción de toda humanidad y razón, “la razón de la sinrazón” como dijo Hegel convierte al Paxcona en alguien importante y también, poeta.
Nada de cuanto subsiste / y se declara en disparos en gritos en roces / nada de esto nos pertenece… dice el poeta italiano Andrea Zanzotto en un poema de singular belleza porque está dedicado a los mundos que puede ver un ojo perduto per una scheggia, nel lavoro al tornio: a lo que puede ver un ojo que ha sido condenado a ver los misterios de las penumbras después de conocer la luz, ojo perdido por una rebaba, / trabajando en el torno. Paxcona no es ciego pero también ve otros mundos, de eso estoy completamente seguro y también vivió esa situación entre dramática e inexplicable de haber tenido razón y luego perderla.
No hay irreverencia en esta afirmación. La locura, sea cual sea su origen trastoca los ordenes. Si Paxcona se echa tres litros de refresco, si desgarra su ropa o anda desnudo es porque está fuera ya de nuestras convenciones, lo que nos sirve para demostrar la fragilidad de nuestra humanidad. Al igual que con El Guapo, nuestro personaje no es objeto de lástima; es por sí mismo parte de Tepetlixpa, un ser que le da vida a los rincones y las entradas de las tiendas. No intento justificar la locura ni salir por una explicación fácil, lo admiro porque me intriga y lo respeto porque él también conoció la luz de la razón y ahora nos explica lo irracional desde su oscuridad, nos muestra qué es lo irracional, confrontándolo de frente cuando lo observamos.
¿De verdad explicará lo irracional? ¿No es una grosería decir eso cuando nosotros estamos del otro lado y lo medimos con la benevolencia? He observado a Paxcona con mucha atención y con respeto. Mi primera idea respecto a este personaje de Tepe es que es un signo invertido, un espejo que nos permite observar toda nuestra decadencia e hipocresía como comunidad. Aún lo puedo creer pero Paxcona también es la representación de la tragedia, de todas las tragedias que han sucedido en este pueblo.