
(Foto extraída de la Red)
Los años 30 del siglo pasado son fundamentales para Tepetlixpa en más de un sentido. Tras la Revolución, los muchos acontecimientos que se dieron en la década representan el surgimiento de un nuevo orden no sólo público, sino privado y aún social para la configuración del ser tepetlixpenses y el planteamiento hacia el futuro de una comunidad.
Pero si hay una considerable cantidad de eventos propositivos (obra pública, construcción de espacios, reordenamiento urbano), también es época de conclusiones, y en este caso, según veremos, conclusiones violentas. Me referiré en los siguientes apartados a los violentos hechos suscitados en julio de 1935 que como parte del imaginario popular se conservan bajo el nombre de “El Zafarrancho”, y que en este trabajo, de manera provisional pues la investigación completa aún está elaborándose, les presento como primicias en la reconstrucción de nuestra historia.
El Zafarrancho consistió en la muerte violenta del entonces secretario del ayuntamiento, Manuel Mario Escalante, por parte de numerosos pobladores de Tepetlixpa. Es de mencionar que el propio Escalante, antes de morir, en el lugar de los hechos dio muerte a dos personas, aunque el saldo total arroje 4 muertos incluyéndolo a él.
Escalante ha pasado a formar una imagen mítica en pleno sentido. Para muchos, la idea “del Escalante” es llanamente la del matón. Entre los vecinos del lugar donde hace 74 años se registró el evento, Escalante es un fantasma, un alma que pena sin descanso eterno. Para los más, efecto de dispersión de la memoria, un hombre que murió hace muchos años.
En realidad Escalante fue una personalidad muy compleja, un “hombre fuerte” de la generación posrevolucionaria. Documentos oficiales (entre otros, oficios de la Sección de Gobernación, año de 1934) muestran aspectos muy variados de su labor política. Complejidad de labores administrativas, responsabilidades públicas, comisiones y sobre todo, aventuras políticas, dan por resultado a un hombre en la madurez de su edad que muchas veces, como muestran los documentos mencionados, desempeñó de facto el gobierno municipal.
Escalante era hombre alto, bien plantado y enérgico; funcionario de sombrero tejano, chamarra de piel y pantalón de casimir en un pueblo donde lo común era la ropa de manta, no era raro que estuviera armado. Sin embargo, yo creo que fue el estigma de ser fuereño lo que más pesó en su contra al momento de los sangrientos hechos.
El Zafarrancho tuvo como fondo dos eventos. El primero fue la elección de diputados locales del año 1935, que según la Ley Orgánica de Elecciones Políticas y Municipales fue convocada el 17 de mayo de ese año correspondía organizar al ayuntamiento. El segundo, más turbio por su dispersión en documentos oficiales, el surgimiento de un movimiento político local contrario a los intereses del Partido Nacional Revolucionario.