Ya en otros post he dejado una aproximación sobre el sentido que los tepetlixpenses otorgamos a las Fiestas. Pareciera ser que es un mero problema lingüístico, pero con cierta reflexión alcanzamos a ver el sentido, la representación y los simbolismos que hay detrás de toda fiesta que sucede en este pueblo. ¿Por qué no hablar entonces de las Fiestas Patrias?
Para este post intentaré hacer un análisis de dos celebraciones patrias realizadas en 1949 y en 1956 con el objeto de observar el sentido de las Fiestas en esos periodos de construcción e identidad social. En último caso, lo que intentaré es que tomemos conciencia sobre estas celebraciones.
Existieron Fiestas Patrias antes de 1949 evidentemente pero no hay muchas evidencias históricas. Sólo sabemos que existían objetos simbólicos como un estandarte de Hidalgo y una bandera conmemorativa que han desaparecido, y que se realizaban actividades de tipo cultural.
¿Qué sucedía en el Tepetlixpa de 1949? A grandes rasgos sabemos que se deslindaba el trazo de la actual carretera federal; que continuaban las gestiones para introducir el agua potable; que el proyecto de tianguis local había fracasado y que como parte de la historia nacional, Tepetlixpa entraba en una etapa de grandes oportunidades y profundas crisis económicas al mismo tiempo.
Las Fiestas comenzaban a despuntar en el inconsciente colectivo como partes importantes en la identidad del pueblo. Basta recordar que en 1946 se comenzó a remodelar la Capilla del Calvario para impulsar las fiestas de enero.
Pero es evidente que las Fiestas no se consolidan si no es por acción de la costumbre y de las legitimaciones. Desde los años 30 la figura de las Juntas de Mejoramiento Moral Cívico y Material, fungían como un vínculo entre la sociedad y los gobiernos municipales. En Tepetlixpa para ser precisos, la participación de la Junta (en ese entonces llamada “Patriótica”) fue vital en el conflicto religioso de 1938 y es el más lejano antecedente de una organización mixta (civil y gubernamental) que planteara la necesidad de rescatar para la posteridad a la Parroquia de San Esteban como un monumento artístico e histórico de importancia para Tepetlixpa.
La Junta funcionaba de manera mixta. El ayuntamiento insaculaba o nombraba de forma directa a un grupo de ciudadanos que por sus características eran, a consideración del Cabildo, idóneas para desarrollar las labores de gestión, organización, administración y captación de recursos para realizar las acciones que el larguísimo nombre describe bien: proponer mejoras al inmobiliario público, sugerir actividades culturales, promover campañas de algún beneficio social y claro, realizar las festividades cívicas.
El primer cliché que debemos quitarnos es pensar que las Juntas se ajustaban a un modelo previo e inamovible. Hacia 1934, por ejemplo, la Junta realizó un programa de eventos para las fiestas patrias que incluía música en vivo al estilo de las grandes bandas norteamericanas, poesía, bailables y brindis de honor con vino tinto. La Junta respondía desde luego a las actitudes y gustos particulares de sus miembros, pero en la realización del evento, incidía en ese inconsciente colectivo que ya he mencionado más arriba.
Los miembros seleccionados, regresando al tema, eran notificados y citados para que rindieran protesta de ley. En términos jurídicos, esa formalidad sirve para consignar públicamente el compromiso en un acuerdo de voluntades. Al tomar protesta de ley, el compromiso va más allá del abstracto valor que llega a tener la palabra empeñada.
Los miembros, Presidente, Secretario y Vocales, no percibían salario alguno, desde luego. Entres sus atribuciones estaba el nombrar recaudadores (nótese el cargo, tan arraigado en nuestra tradición) para conseguir los fondos que fueran necesarios para llevar a cabo la festividad. Hubo casos desde luego de miembros que desistieron del nombramiento, pero igualmente hubo casos en que una negativa de asistir a la cita era procedida por una orden de presentación ejecutada por la flamante policía municipal: un comandante y un policía.







