
(Una esquina de su reino. Foto: M.S.)
No es necesario haberlo visto antes, en este pueblo todo mundo sabe su existencia, incluyendo a las autoridades que poco a poco lo insertan por vía de la costumbre en la cotidianidad, en la nomenclatura.
Al verlo es fácil emitir un juicio o sentir lástima. ¡Él no merece ninguna de las dos! su vida está encerrada en una gota de agua, aunque la metáfora es paliativa, en todo caso una gota de alcohol es su cárcel y por ella es libre al mismo tiempo.
El Guapo es un personaje polivalente de Tepetlixpa y aquí deseo tan solo acercarme respetuosamente a tu vida. Asumo que esto es temerario, quizá para El Guapo la vida se presenta como un fluir doloroso, un suplicio que lo mantiene atado a una sed perpetua. Como escribe de él David Morales en su crónica Las ásperas texturas de la vida de un “peluche”: “ahí lo espera su dosis de veneno o, para él, su dosis de vida artificial, su dosis extrema de abandono”.
El Guapo tiene su reinado, su Club y su barrio en la parte oriental de Tepetlixpa. Se dicen muchas historias de él pero aquí no importan; en este pequeño acercamiento me importa su persona y humanidad. Ciertamente es conocido porque una cruel ironía le ha hecho formar un territorio: “El barrio del Guapo” y la costumbre opera milagros. En las listas nominales, cuando las elecciones, la sección no tiene número, es llanamente El barrio del Guapo. Los jaripeos han consumado su debatida gloria, y él, impasible, no creo que se de cuenta de esa popularidad entre comillas. Hundido en su rincón, El Guapo (que no del, artículo que me suena a cosa) es inmune a esos avatares de la fama, porque como también escribe David, ya son como ochenta, a todos los he enterrado, el último seré yo. El mundo de El Guapo no conoce de fama ni deshonra sino de una profunda liberación que jamás termina de llegar. El alcohol es una liberación despiadada y cruel pero insuficiente; el líquido es su castigo, querer morir y vivir; un renovado suplicio de Tántalo, en voz de Gaston Miron: el tomar y nunca extinguir su sed
pues la sed permanece, pánica, tenaz
pues ni de peso, lugar o extensión
ni dentro, ni fuera tal vez
nada de nada ha cambiado

("la sed permanece, pánica, teraz". Foto: M.S.)
A pesar de su autodestrucción y de la risa con que lo encaran, El Guapo construye su propia vida. Es fácil juzgar, pero ¿alguien ha pensado en sus fantasmas? ¿Alguien puede entender las causas que lo llevaron a su deseo de aniquilación? Y quién sino él para descomponer las preguntas y mostrar respuestas profundas que insisto, no deben justificarse, porque como persona ensimismada sólo él puede hablar de él mismo. Su legendario grupo, su Club, no es más que una fachada, su mundo es un mundo agónico que se sostiene en sí mismo y transforma al paisaje, su “barrio” una quimera. El Guapo en su deambular interior convirtió esas cuadras de Tepetlixpa en un infierno líquido y al mismo tiempo en la extensión de su mundo interior. Su barrio, antes calles de arena y hoy reducido a una esquina fiera, es su purgatorio y Tepetlixpa entero es el infierno…
Infierno… al final de su Historia de los Infiernos, Georges Minois dice que el infierno moderno es llanamente un estado de la conciencia, el último destino de la afirmación de los hombres. Minois muestra los argumentos: afirmarse negando a todos o fundirse al conglomerado de la masa son los extremos de una terrible necesidad de afirmación de los hombres. En esa toma de conciencia, en ese afirmarse como un Yo, pueden darse fallas y el hombre que busca termina irremediablemente en el infierno. Pero aún hay más. El infierno no existe más que en una relación de tres personas: Yo mismo, el Otro, que es el espejo en el que me veo, y los Otros, que nos ven. Dependencia, individualidad, soledad. Tres caras de un infierno terrorífico; tres escenarios exactos para El Guapo. Hundirse en el alcohol ha sido su manera de afirmarse, la cara banal que el pueblo le ha visto y que la ha elevado hasta hacer de su esquina el nombre de toda una sección de Tepetlixpa. Depender de los demás, el infierno cotidiano, traducido en dolores, en enfermedades y en la seguramente triste relación con sus conocidos y familiares. Soledad ha sido su última baraja para escapar de las convalecencias, de los muchísimos años que ha sobrevivido tomando alcohol y viendo pasar el cortejo fúnebre de sus compañeros. El Guapo se enfrenta al desgarre de su Ser: Cuando quema en largos álamos de años y de olvido/ la inútil clorofila de su amor sin destino/ cuando yace en su corazón de trinquete un deseo de ser.

(La esquina del Club. Foto: M.S.)
Así El Guapo, un Tántalo que tiene sed eterna tomando sin cesar. Hierático e insondable a pesar de su decadencia o quizá por eso mismo, por su decadencia, que es una forma de decir que Es, que su dolor es una forma de vida, que lo más hermoso puede ser lo más terrorífico.
No puedo pensar más. Me uno a Miron porque también creo que a El Guapo sólo lo redimirá el viento: los vientos que cambian las suertes de lugar la noche/ vientos de cita, vientos con pupilas solares/ vientos telúricos, vientos del alma, vientos universales/ alborótenlo vientos, y con sus brazos de río juntos/ ciñan su rostro de pueblo maltratado, devuélvanle/ el calor/ y la profusa luz de las estelas de golondrinas.