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Archivo de la categoría: DIVERSIONES

Fiestas Patrias: tradición, pertenencia e identidad I

(Cartel promocional de las Fiestas Patrias de 1949. Foto: M.S.)

Ya en otros post he dejado una aproximación sobre el sentido que los tepetlixpenses otorgamos a las Fiestas. Pareciera ser que es un mero problema lingüístico, pero con cierta reflexión alcanzamos a ver el sentido, la representación y los simbolismos que hay detrás de toda fiesta que sucede en este pueblo. ¿Por qué no hablar entonces de las Fiestas Patrias?

Para este post intentaré hacer un análisis de dos celebraciones patrias realizadas en 1949 y en 1956 con el objeto de observar el sentido de las Fiestas en esos periodos de construcción e identidad social. En último caso, lo que intentaré es que tomemos conciencia sobre estas celebraciones.

Existieron Fiestas Patrias antes de 1949 evidentemente pero no hay muchas evidencias históricas. Sólo sabemos que existían objetos simbólicos como un estandarte de Hidalgo y una bandera conmemorativa que han desaparecido, y que se realizaban actividades de tipo cultural.

(Fiestas Patrias de 1941. Foto: Archivo Fotográfico Ollin Altépetl A.C.)

¿Qué sucedía en el Tepetlixpa de 1949? A grandes rasgos sabemos que se deslindaba el trazo de la actual carretera federal; que continuaban las gestiones para introducir el agua potable; que el proyecto de tianguis local había fracasado y que como parte de la historia nacional, Tepetlixpa entraba en una etapa de grandes oportunidades y profundas crisis económicas al mismo tiempo.

Las Fiestas comenzaban a despuntar en el inconsciente colectivo como partes importantes en la identidad del pueblo. Basta recordar que en 1946 se comenzó a remodelar la Capilla del Calvario para impulsar las fiestas de enero.

Pero es evidente que las Fiestas no se consolidan si no es por acción de la costumbre y de las legitimaciones. Desde los años 30 la figura de las Juntas de Mejoramiento Moral Cívico y Material, fungían como un vínculo entre la sociedad y los gobiernos municipales. En Tepetlixpa para ser precisos, la participación de la Junta (en ese entonces llamada “Patriótica”) fue vital en el conflicto religioso de 1938 y es el más lejano antecedente de una organización mixta (civil y gubernamental) que planteara la necesidad de rescatar para la posteridad a la Parroquia de San Esteban como un monumento artístico e histórico de importancia para Tepetlixpa.

(Carta de designación de un Vocal, 1956. Foto: M.S.)

La Junta funcionaba de manera mixta. El ayuntamiento insaculaba o nombraba de forma directa a un grupo de ciudadanos que por sus características eran, a consideración del Cabildo, idóneas para desarrollar las labores de gestión, organización, administración y captación de recursos para realizar las acciones que el larguísimo nombre describe bien: proponer mejoras al inmobiliario público, sugerir actividades culturales, promover campañas de algún beneficio social y claro, realizar las festividades cívicas.

El primer cliché que debemos quitarnos es pensar que las Juntas se ajustaban a un modelo previo e inamovible. Hacia 1934, por ejemplo, la Junta realizó un programa de eventos para las fiestas patrias que incluía música en vivo al estilo de las grandes bandas norteamericanas, poesía, bailables y brindis de honor con vino tinto. La Junta respondía desde luego a las actitudes y gustos particulares de sus miembros, pero en la realización del evento, incidía en ese inconsciente colectivo que ya he mencionado más arriba.

Los miembros seleccionados, regresando al tema, eran notificados y citados para que rindieran protesta de ley. En términos jurídicos, esa formalidad sirve para consignar públicamente el compromiso en un acuerdo de voluntades. Al tomar protesta de ley, el compromiso va más allá del abstracto valor que llega a tener la palabra empeñada.

(Formato de nombramiento de recaudadores, 1954. Foto: M.S.)

Los miembros, Presidente, Secretario y Vocales, no percibían salario alguno, desde luego. Entres sus atribuciones estaba el nombrar recaudadores (nótese el cargo, tan arraigado en nuestra tradición) para conseguir los fondos que fueran necesarios para llevar a cabo la festividad. Hubo casos desde luego de miembros que desistieron del nombramiento, pero igualmente hubo casos en que una negativa de asistir a la cita era procedida por una orden de presentación ejecutada por la flamante policía municipal: un comandante y un policía.

 

Fiestas Patrias: tradición, pertenencia e identidad II

Las Fiestas Cívicas a mi parecer, han cumplido en Tepetlixpa una función social que corre el riesgo de caducar. Me explico. Entre 1920 y 1950 proyectaron una identidad social de manera continuada. Algo así como refrendar que Tepetlixpa se reconstruía y que tenía que entrar en la “modernidad” tan proclamada por las políticas nacionales y estatales. Se enriquecía esa función al poner de relieve elementos que cohesionan la idea de pertenencia: los primeros “héroes”, surgidos de la cantera de la Revolución, que luego fueron sistemáticamente olvidados y, quizá la más importante: el simbolismo del espacio público.

Antes de continuar es necesario hacer un breve paréntesis y entender la dinámica de las Fiestas religiosas. En el mismo periodo que analizamos las danzas tradicionales, el teatro y el jaripeo se afianzaban como una triada para hacer que los tepetlixpenses de aquel entonces canalizaran sus necesidades de diversión y liberación. No sé si en algún lugar se haya planteado el hecho de que las fiestas religiosas se realizan en los meses en que no hay actividad agrícola que requiera mucho tiempo o esfuerzo. Diciembre y enero son más bien épocas de cosecha, de descanso, de necesidad pues de hacer algo y simbolizar que el año termina y comienza de manera alegre.

Por eso las Fiestas Patrias tuvieron un simbolismo especial. Se sitúan a medio año, cuando las faenas agrícolas entran en el letargo desesperante de la espera. Claro, me estoy refiriendo a la agricultura de hace 60 años, cuando el cultivo de hortalizas era una quimera y hectáreas de haba se alzaban desafiantes en los terrenos altos de Cuecuecuauhtitla…

Imaginemos entonces la necesidad de desfogue, de pertenencia y de relajación. El empeño a una gran Festividad Patria era un asunto no sólo de patriotería, sino de pertenencia.

Pero ya en concreto, ¿qué se realizaba? La Junta podía intercambiar los programas o sugerir novedades, pero al menos hay elementos que resaltan esa pertenencia que enuncié arriba. Las Reinas de las Fiestas Patrias incluyen a la mujer en la dinámica social de Tepetlixpa. Parece una mera banalidad pero no hay que soslayar su importancia. Al concursar, las mujeres hacen suyo un sector de la celebración que también moviliza aspectos económicos y políticos antes que la mera fruslería de decir que una mujer es más bella que otra por un cabello o ceja mejor o peor arreglados. Además hay que mencionar que para 1956, tres años después de que se concediera el voto a las mujeres en México, Trinidad Herrera y Guillermina Rojas alcanzan por primera vez en la historia de Tepetlixpa un cargo de representación (no elección) popular: séptima y octava vocal respectivamente de la Junta de 1956, encargadas de recaudar fondos para construir la Escuela Primaria Cuauhtémoc.

(Madrinas y concursantes de una carrera de cintas. Circa 1969. Foto: Archivo Fotográfico Ollin Altépetl A.C.)

Otro elemento es el famoso concurso de las Carreras de Cintas. Hay reminiscencias de este juego en el que un jinete a toda velocidad debe introducir una lanceta en un anillo para desprender un listón, en culturas tan dispares como los gauchos argentinos y los talibanes afganos. Pero ni uno ni otro. Jinetes locales y jinetes invitados daban vueltas al Mercado Municipal. Era digamos, un ejercicio de destreza que no sé si sería correcto enmarcar plenamente en la necesidad de desfogue de un periodo de por sí estresante en el campo. Lo que sí es seguro, es que el estrés estaba en la montura. Ganar, además del prestigio, era la oportunidad de que una “madrina”, “guapas damitas de la localidad” como las describe un programa, hiciera algún regalo al “charro”, y que en la noche, al amparo del Padre Hidalgo, tuvieran una oportunidad, quizá, de bailar en el “lucido baile” efectuado en su honor una canción… o una danza que termina en el amor sin cortapisas ni compases.

(Equipo "Águilas del Caribe", mediados de los años 50. Foto: Archivo Fotográfico Ollin Altépetl A.C.)

Pero si mujeres y hombres tenían su papel, ¿qué hay de los “no-charros”? El otro sector que ni bailaba ni gustaba de montar un caballo, tenía entonces otra oportunidad de pertenencia, desfogue y arraigo en el deporte. El basquetbol merece por sí mismo una historia aparte en Tepetlixpa, pero nos basta saber qué fue gracias a cuestiones religiosas que el deporte del Dr. James Naismith se quedó en Tepetlixpa para siempre. En las fiestas patrias de 1949 se habla de un “club deportivo de este lugar” lo que se debe interpretar como una selección representativa de Tepetlixpa, pero en 1956 se pormenorizan encuentros específicos: Llaneros vs Atlautla; Halcones vs Tiburones; un número especial Tepetlixpa vs Xalostoc (Morelos) de sextetas femeninas, y como broche de oro encuentros que me imagino eran los grandes clásicos de la época: Llaneros vs Cocotitlán y Gavilanes vs Coahuixtla (Morelos). ¿Volveremos a ver un equipo de tal raigambre?

 

Fiestas Patrias: tradición, pertenencia e identidad III

Finalmente, ¿qué encontramos en las Fiestas Patrias? Ya visto el lado simbólico es justo centrarse en los divertimentos. Hay que considerar claro, la escala de valores de hace 60 años, pero el hombre es el mismo a lo largo del tiempo. En 1949 se programaron cuatro días de festividades: homenajes, desfile, repique de campanas y la parafernalia oficial el día 15 y 16. Los dos restantes se destinaron a darle gusto al gusto como dice el dicho: baile en el Salón de actos y carreras de cintas en el Mercado (nótese además de la evidente funcionalidad, la importancia simbólica del lugar). La nota común es el adjetivo: “lucido”. ¿Lucido porque era más interesante que los bailes de enero? ¿Por qué eran eventos de paga? o ¿por qué se realizaban en el recinto más oficial y formal de Tepetlixpa?

Si eso fue en 1949, ¿qué hay siete años después? Para responder tenemos que retroceder a 1954, un año que debería celebrarse como verdaderamente revolucionario en nuestra historia local, pues fue el año en que la Misión Cultural No. 39, dependiente del gobierno federal, realizó una labor social exhaustiva en Tepetlixpa enseñando oficios, deportes, trabajos, manualidades etc. Actividades tan comunes hoy en día como la apicultura o entrenar básquetbol en la cancha de San Francisco no existirían si la Misión no hubiera intervenido en ese 1954.

(Acta que constituye el Comité Pro-Festejos Patrios, 1956. Foto: M.S.)

Por eso, para 1956 el programa se incrementó notablemente. Abarca del día 15 al día 23 de septiembre. Involucra a un sector muy importante como lo es sin duda el escolar. Con una rimbombante prosa de mediados del siglo XX, justifica el amplio programa en estos términos:

Conciudadanos:/ Hidalgo, apóstol de la iniciación de la causa libertaria, viendo oprimida a la Patria mexicana por la opresión ibera, se reveló (sic) su alma de buen sacerdote y con la fe sublime en la grandiosa obra, hizo sonar la histórica campana de Dolores, cuyas sonoridades marcaron el  principio de la libertad mexicana; haciendo remembranza de tan fausto acontecimiento y para rendir justo en el CXLVI aniversario a quienes con su vida nos dieron Patria y Libertad, el H. Ayuntamiento, la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, el H. Comité Pro-Festejos Patrios y el personal docente, de este lugar han elaborado el siguiente/ programa:”

Y vienen las actividades: homenaje, recitaciones, poesía coral, discursos y velada literario-musical.

En lo que respecta al acontecimiento central, el “Grito”, en 1956 se sigue mencionando una tradición aún vigente pero modificada en el tiempo, el “paseo de las antorchas”, siempre recordando y venerando el poder de un motín. Al día siguiente, desde luego, el desfile y el programa cultural. Por la tarde, los encuentros de básquetbol ya mencionados. Pero sin lugar a dudas algo emocionante y esperado: el primer gran baile de las Fiestas Patrias, amenizado por la “Marimba Orquesta” de Cuautla, Morelos.

17, 18 y 19 fueron los días deportivos. Además del básquet, las carreras de cintas, el día 19 a partir de las ocho de la noche, gran baile amenizado “por el formidable Conjunto Tropical a cargo  del maestro filarmónico Marciano García”.

20, 21 y 22 continuaron el eje deportivo, pero el día 22 a partir de las cuatro de la tarde, el ludismo familiar con los llamados “juegos de cucaña” se adueñó de la Plaza Cívica (¿siguen el recorrido espacial?): palo encebado, marrano encebado, barril encebado, etc.

Finalmente, el día 23 el gran “broche de oro” con las carreras de cintas y con un baile de tipo formal que destaca por el tipo de propaganda que lo describe: “a las 20 hrs. dará principio un elegante y animado baile, con la orquesta Casino, quién le deleitará con las mejores notas musicales de su repertorio”.

(Última página del programa de festejos de 1956. Foto: M.S.)

En conclusión, tenemos una panorámica sobre la importancia de las Fiestas vistas más allá del mero acto y de una suma de eventos. Tenemos que recordar la función simbólica del espacio en Tepetlixpa y la ruptura de toda linealidad que se da en la búsqueda de un centro virtual dónde se realicen actos de esta naturaleza.

Tenemos finalmente que considerar que una Fiesta siempre es arraigo y origina identidad, por lo que debe en la medida de lo posible fomentarla, aunque, visto a través de los testimonios, que no son sino vida encapsulada en papel, lo trascendente (para bien o para mal) será una sola y simple (aparentemente) pregunta:

¿Y usted, cómo vive las Fiestas Patrias?

Gracias por la atención a este larguísimo post. Espero sus comentarios.

 

Tepetlixpa, un viaje por el tiempo

(Panorámica de Tepetlixpa, 1950. Foto: ing. Esteban Vergara/Ollin Altépetl A.C.)

(Panorámica de Tepetlixpa, 2010. Foto: M.S.)

Como estoy procesando mucha información para escribir post más serios, quisiera compartirles algunos datos que de manera comparativa nos muestren diversas caras de Tepetlixpa en su historia.  Eso de Tepetlixpa, un viaje por el tiempo, es a propósito de los cambios que vivimos y por la muestra fotográfica que Cultura Ollin Altepetl A.C. ha venido trabajando y exponiendo en diversos foros (actualmente en la Presidencia Municipal). Los invito a visitar dicha muestra y a  seguir mandando comentarios y sugerencias.

  • Antes de 1935 no existía una policía fija. En agosto de ese año, a raíz del Zafarrancho, la población convino en cooperar con 25 centavos diarios por persona para contratar a 3 policías y un comandante en servicio fijo. El primer comandante así elegido fue el antiguo soldado zapatista Albino Álamos.
  • En 1938, una relación de obras de arte de la Parroquia, señala la existencia de un “óleo representando a San Esteban” y otro del mismo santo “siendo apedreado”. No hay manera de comprobarlo, pero podrían ser pinturas que pertenecían al retablo, hoy perdidas.
  • En la misma época Nepantla y Cuecuecuauhtitla se consideraban, respectivamente, parte de la Tercera y la Segunda Sección del pueblo de Tepetlixpa, de tal modo que en las elecciones, los ciudadanos de ambas delegaciones tenían que votar en la cabecera. El padrón electoral, por cierto, era de 301 ciudadanos con derecho al voto.
  • En 1958, los cultos religiosos en Tepetlixpa se dividían en dos grupos: católicos apostólicos romanos, atendidos religiosamente por el sacerdote Jacobo Hernández, y cristianos evangélicos, con un templo sin denominación y atendidos por el pastor Daniel Guerrero.
  • Antes de la flamante nomenclatura de nuestras actuales calles, entre 1920 y 1930 sólo se utilizaba como referencia el nombre del barrio: Tepehualco, Huehuetepetl, Crustitla, Tlayelpa, San Juan, Xolalpa, Pozotitla, Tlatempa, Axotla, Cuahnalá, Xochitla, Buenavista, Xocotla, etc. (¿reconoce su barrio?). Luego a inicios de los años 40, quizá como una política del simbolista y reconocido pronazi Wenceslao Labra, algunas calles se llamaron “Berlín”, “Zeppelín” o más poéticamente “De las Flores”.
  • Finalmente veamos a una generación de niños de la revolución. En 1920, la maestra Lorenza Gil, directora de la escuela elemental de Tepetlixpa “Presidente Benito Juárez” (no confundir con la actual escuela federalizada) al aplicar el examen colectivo de conocimientos, reconoce el brillantísimo papel de las alumnas y suplica al inspector, Dr. Alfonso Domínguez, que para estimularlas, se les obsequie juguetes como premio, para “que se hagan dichosas a esas inocentes, que después de tanta desolación y aún en medio de tanta calamidad no conocen un juguete”.
 

Fiesta, personajes, estampas

Aquí una pequeñísima muestra de la Fiesta de Tepetlixpa desde sus personajes. Toda muestra es arbitraria, e insistir tanto en los Moros es para concientizar de que es nuestra última gran danza tradicional (más de 80 años de existencia, cuando no 100) y que hay que preservarla antes de que desaparezca. Aprovecho para invitarles a que visiten las “Galerías del Cerro” donde encontrarán más fotos de esta Cara del Cerro, Tepetlixpa.

(Un descanso antes del castillo. Foto: J.S.)

(50 años de la "Corporación de la Juventud". Foto: J.S.)

(Luces y nubes. Foto: J.S.)

(Nuevas generaciones "moras". Foto: J.S:)

 

7 datos históricos sobre la Feria de Tepetlixpa

1. Aunque mucho se ha mencionado en este espacio: el barrio de Panchimalco existe desde finales del siglo XVII. En ese lugar se construyó una capilla en donde, más de 100 años después según la tradición, los pobladores de Tepetlixpa colocaron la la imagen del Dulce Nombre de Jesús. Al mismo tiempo se reconstruía la parroquia de San Esteban agregándole torre y cúpula.

2. Entre 1942-1944 se decide construir un templo más amplio que la antigua capilla. La imagen del Dulce Nombre de Jesús permanecía en la parroquia mientras se realizaban las obras. Cerca de la fiesta, la imagen era llevada a su templo en solemne procesión y las peregrinaciones de la época traían materiales de construcción como “limosna” para que el templo fuera terminado rápidamente.

(Capilla del Calvario. Años 40. Foto: D.R. de la Colección Particular E.C.F.)

3. La importancia económica de la fiesta fue un factor importante para que las autoridades intervinieran directamente en su organización. Datos contables de 1935 son un claro ejemplo: la recaudación por pago de derechos y licencias en el mes de enero arrojó un total de $385. En febrero, por concepto de predial, $119. (Salario del presidente municipal $1.75 al día).

4. El ayuntamiento emitía nombramientos para que ciudadanos de cada Sección realizaran la “recaudación” destinada a cubrir los gastos originados por la fiesta, sobre todo por concepto de jaripeos. Los Jefes de Manzana (antigua figura administrativa) tenían el encargo de velar por la integridad del ganado, procurarles alimentos y vigilar que no fueran a ser robados: “pues deben de tener en cuenta que en estas fiestas solamente nosotros como Ciudadanos y Vecinos de esta estamos obligados a hacerlo”.

(Nombramiento de recaudadores para Jaripeo. Foto: M.S.)

5. Por lo mismo, se vigilaba el estricto cumplimiento de las obligaciones surgidas con motivo de la Fiesta. Leamos, enero de 1950: “El señor Asencio Galván… está comprometido para el día de la fiesta del veinte de enero para tocar con los danzantes de vaqueros. Por lo mismo se suplica a las autoridades de esa jurisdicción que la presente vieren se eximan de otros compromisos que puedan haber”.

(Constancia para el músico Ascencio Galván. Foto: M.S.)

6. Danzas… regresemos al año de 1935 para conocer lo que volvía locas a las personas antes de que hubiera chinelos: “Danza “azteca”, “Pastoras”, “Pastorela”, “Negros”, “Vaqueros”, “Mixtecos”, “Moros de Careta”, “Contra-Danza de Vals”, “Música Azteca del Estado de Puebla”. Firma, C. Vicente Trinidad Flores, presidente municipal de Tepetlixpa.

7. Pero una fiesta no solo son danzas. Para la diversión de chicos y grandes, una “Fiesta Titular” como la que describe el presidente  Vicente Flores incluía también: “Chirimía, Bailes Públicos, Jaripeos, Circos, Volantines, fuegos artificiales y toda clase de juegos permitidos por la ley. “CARNABAL” [sic] comparsas de disfraces, amenizados estos actos con la Banda de Música Municipal”.

 

Fiesta de Tepetlixpa

(Castillos 2009. Foto: M.S.)

La última semana de enero se celebra en Tepetlixpa la devoción al Dulce Nombre de Jesús, imagen de un nazareno que se venera en la capilla del Calvario. Sin embargo no es por un calendario religioso que la fiesta sea en enero sino por tradición: un martes, perdido en el tiempo pero martes, de la última semana de enero, la imagen llegó a Tepetlixpa bajo condiciones rarísimas: trayéndola de la ciudad de México donde se había restaurado, sus porteadores pernoctaron en Tepetlixpa en un mesón. Cuando la población se enteró, acudió al lugar, pidió que fuera mostrada la imagen y en común acuerdo la llevaron a la capilla de Panchimalco, antiguo barrio del siglo XVIII, porque “una imagen tan bella no puede dormir en un mesón”.

Por la mañana operó el milagro: la imagen no se quiso ir. Cargaron, empujaron, tomaron fuerzas. Nada; la imagen se quería quedar. Cuenta la historia que fueron a su pueblo (para no entrar en debate es mejor así “su pueblo”, que es una discusión bizantina saber si provenía de Huazulco, Huitzuco, Chilacachapa, etc.) para traer más porteadores y aún así, la imagen se quería quedar en Tepetlixpa, que se hizo tan pesada que nunca la pudieron cargar de regreso.

Y desde entonces se celebra la Fiesta, un acontecimiento singular que ha llamado la atención de muchas personas. Ya desde los primeros post de este blog había señalado el trabajo de Sonia Comboni y José Manuel Juárez, sin contar con la infinidad de trabajos, escritos, folletos e incluso materiales audiovisuales que existen al respecto.

La Fiesta es un gran acontecimiento desde el punto de vista que se quiera ver. Para los pobladores es un momento de alegría, diversión y esparcimiento; también de compromisos económicos, de cumplir obligaciones con comparsas, grupos organizadores, corporaciones, mayordomía e incluso con compadres y amigos. Cada persona sabe cómo y en qué proporción se involucra en la Fiesta, pero es seguro que todos lo hacen. Una trasposición de la novela La Feria del gran Juan José Arreola nos ahorra el describir cómo se celebra el evento, pero vale la pena hablar de sus particularidades, que aquí no hay feria, hay Fiesta.

("Broches de luces". Foto: J.S.)

Religiosamente es un evento de primer orden para el catolicismo por la cantidad de celebraciones y sacramentos que se verifican; lo mismo por la devoción de peregrinaciones que acuden al templo. Sin entrar a fondo en las mismas, que no es la intención, todo puede resumirse con el valor que adquiere el hecho de venir a este pueblo para rendir respeto a una devoción y el nombre con que fuera de tecnicismos se bautiza a la imagen, sea “El Señor de Panchimalco”, “el viejito que me cuida” o como hace poco oí magistral: “El Señor que sale a caminar por su pueblo”.

Socialmente, la Fiesta es el detonante para la movilidad del pueblo y la zona. Los compromisos significan gastos, y surge el detonante económico en nexos aparentemente insignificantes pero que equilibran la economía regional: insumos que se compran en el mercado, pago de ayudantes para hacer las comidas, compra de materias primas, aumento de ventas en las tiendas de abarrotes y en primer lugar, la inyección de recursos a las fábricas de cohetes de la región que proveen cohetones y hacen los “castillos”, el broche de luces para las noches de Feria.

La Fiesta en un cálculo aproximado estaría por cumplir 200 años de celebrarse, pues hay razones de peso para creer que la llegada de la imagen sucedió en el primer cuarto del siglo XIX. Desde entonces, las relaciones afectivas que provoca la Fiesta crecen. Se invitan a conocidos a las comidas que se hacen en las casas, se crean compadrazgos, se afianzan las relaciones o bien, se formalizan.

Su importancia se puede medir al analizar el grado de participación de las autoridades municipales en la organización. He tenido la oportunidad de seguir documentalmente esta participación, justificada hace 70 años, por ejemplo, bajo la premisa de “ser esta nuestra tradición”; respaldada porque los ingresos municipales en enero eran más importantes por el pago de derechos con motivo de la Fiesta que por el pago de impuestos; por las delicadas intromisiones de presidentes ex revolucionarios que organizaban y lo que es más, garantizaban la realización de las danzas tradicionales, facultados ex profeso para multar a los danzantes que no acudieran el día del evento al atrio o incluso, a los días de ensayo.

Luego, los jaripeos, cuya organización se distribuía entre las 5 secciones del pueblo: un jaripeo por cada una de las secciones, a costo de los pobladores. Nombramientos para recaudar cooperaciones, para vigilancia del ruedo, para contratar ganado y jinetes… una tradición elevada a norma. Luego, para demostrar que la Fiesta es una celebración de impacto social y antropológico, los préstamos culturales y la franca aculturización: las Mesas de la danza azteca que venían a rendir respeto a los capitanes de la región y la llegada triunfal y orgiástica del chinelo, danza típica del Estado de Morelos, a finales de los años 50.

Comercio, derroche, impacto económico, necesidad de seguridad pública, devoción religiosa, celo de las autoridades, organizaciones comunales, historia amasándose, tradiciones hechas ley… un poco de todo es la Fiesta de enero. Lo más importante es que cada quién le pone su tono y cada quién la disfruta a su manera. Quedan todos cordialmente invitados.

 
 

Sor Juana y sus fiestas

Me disculpo por haber dejado este blog durante un tiempo, pero eso de andar hurgando papeles es más complicado de lo que parece. Sin embargo, quisiera dejarles un poco de esas búsquedas a propósito de Sor Juana, que siempre será nuestra referencia y también porque Nepantla ocupa un lugar importante en el corazón de Tepetlixpa.

No es posible rastrear si en el siglo XIX o antes hubo interés por la vida de Sor Juana en Tepetlixpa, pero por fortuna hay muchos datos sobre el siglo XX. La Memoria de Gobierno de 1938 que contiene el programa del coronel Vicente Trinidad Flores, además de la creación de servicios públicos, propone que se inmortalice a Sor Juana con un monumento, pues:

siendo en el pueblo de Nepantla… donde vio por primera vez la luz del Mundo la Gran poétisa [sic] sor Juana Inés de la Crúz, es de justicia, no se borre para siempre su recuerdo, pues la casa donde nació amenaza con desaparecer para siempre”. (Memoria de Gobierno, 14 de febrero de 1938).

Recuperar la casa de Sor Juana fue la primera manera de ocuparse de nuestra paisana, y significó además comenzar el proceso de apropiación con el pie derecho.

("El Caracol". Foto: J.S.)

Por otro lado, es muy importante que dos presidentes municipales hayan sido oriundos de Nepantla en esa época, situación que hasta ahora no se ha repetido. Sotero Pérez Morales y luego Norberto Sanvicente pudieron entender mejor que los demás presidentes la importancia de Sor Juana, tanto como que eran sus auténticos paisanos. La época que relatamos es convulsa, apenas abriéndose paso tras la violencia de la Revolución, pero se pueden rastrear esfuerzos por identificar a Sor Juana con Nepantla, por ejemplo, al llamar así a la escuela primaria del lugar.

Para la década de los cuarenta, la política del gobierno federal consistió en involucrar a la población en la dinámica de las comunidades y se crearon las Juntas de Mejoras Morales, Cívicas y Patrióticas. En Tepetlixpa, no podemos entender la evolución material del pueblo sin la participación de estos organismos, pero tampoco podemos visualizar las festividades cívicas. Llenos de un furor por el culto a los héroes, los antiguos habitantes del Cerro se enfrascaron en desfiles, veladas literarias, discursos y torneos deportivos; en bailes, concursos de belleza, exposiciones y comilonas para celebrar a los “santos” del calendario oficial. No es extraño que esa racha de héroes alcanzara a la monja jerónima, pero Sor Juana tuvo que ver con la admiración que le profesaba un político…

Isidro Fabela (gobernador entre 1942-1945) tenía una auténtica devoción por la poetisa que se reflejó en el empeño que puso en rescatar no solo su figura sino su obra. Fue volver sobre la monja, ordenar que de ahí en adelante, en documentos oficiales se pusiera “Nepantla de Sor Juana Inés de la Cruz”, que se celebrara el día de su nacimiento y el de su muerte; involucrar a las escuelas, a la comunidad y a las autoridades.

Eso que consiguió Fabela es fundamental porque a partir de él, sus sucesores se interesarán más en la figura de Sor Juana.

Desde 1949 hay registros de los “homenajes” a Sor Juana que se realizaron en Nepantla. Homenajes-órdenes en realidad:

En el monumento erigido a su memoria en ese lugar, ruego a usted que de acuerdo con las autoridades civiles de [Nepantla] se formule el programa de los actos que se desarrollaran en esa fecha, ya que es una orden del Gobierno no dejarla pasar desapercibida. (Oficio 296, exp. F-13/949)

El ayuntamiento transmitía el mensaje e involucraba a sus comisarios civiles de Nepantla y Cuecuecuauhtitla (sí, con “h”), a los directores de las escuelas (la “Superior Mixta” de Tepetlixpa y las dos rurales de las delegaciones: Ignacio Zaragoza en Cuecuecuauhtitla y Sor Juana Inés de la Cruz en Nepantla) y de refilón, a la sociedad civil.

Esas primeros festejos Sorjuanistas comenzaron a incluir música para diversión del pueblo, con sus cosas chuscas e inesperadas, como el tener que recorrer dos días el festejo porque “la música solamente se pudo conseguir para ese día”. Poesía, cantos corales, discursos… es muy sorprendente encontrar en los oficios la manera de llamar al homenaje: “la festividad en honor de la poetisa Sor Juana Inés de la Cruz”. Festividad. La vinculación con lo esencial, la asimilación a las fiestas religiosas, la Fiesta en pocas palabras. Sor Juana comenzaba a regresar a casa.

Esta primera etapa de homenajes-festividades, concluiría en 1956. La fecha es como un parteaguas. Años atrás, significan celebraciones de tipo oficialista. Años adelante, la pérdida del oficialismo para caer en el ritualismo de una fecha burocratizada, pero algo más, los orígenes de festejos por parte exclusiva de la población.

En 1956 se realizó el primer festejo Sorjuanista de carácter regional. Una Comisión compuesta por la Inspección Regional Escolar y las autoridades municipales organizó un auténtico festival para celebrar los 261 años de la muerte de Sor Juana. Entre escuelas, delegaciones y ayuntamientos, la “festividad” contó con la participación de grupos de Chimalhuacán, Tlacotitlan, la colonia Guadalupe Hidalgo, Tepecoculco, San Rafael, Tepetlixpa y Nepantla. Sobre todo Nepantla. La ceremonia comenzó a las once de la mañana, con “ofrenda floral ante el monumento a Sor Juana Inés de la Cruz, a cargo de los vecinos del lugar”, ofrenda previa a la de las autoridades. Luego otro acto de primer orden: “Discurso a cargo del Sr. Norberto Sanvicente”. Y sobre las festividades, la idea de inclusión regional: “los números musicales estarán a cargo por una orquesta del pueblo de Tepetlixpa”.

Sor Juana: 50 años de festividades en la Cara del Cerro. Sor Juana, ícono regional. Esta historia, como se suele decir, continuará.

 

Poesía para Sor Juana

Invitación lectura jueves

Para festejar el 361 cumpleaños de Sor Juana, la recién formada Asociación de Escritores de Tepetlixpa, en coordinación con Cultura Ollin Altepetl y el Consejo Ciudadano para la Preservacion del Patrimonio Cultural de Tepetlixpa, invita a un programa cultural que incluirá cine, música y poesía.

La cita es el próximo jueves 12 de noviembre a partir de las 18:00 hrs, en el claustro de la parroquia de San Esteban. Sí, a veces hay suspicacia por el lugar, pero es nuestra mayor joya histórica y con la remodelación que está efectuándose tiene un ambiente increíble… y la mejor vista de Tepetlixpa.

Están todos invitados.

 

Crónica de La Escobeta, 23 de julio.

El jueves 23, salimos del pueblo Josué, mi hermano; Néstor, mi casi hermano y yo a eso de las ocho, con algo de frío por la lluvia de la noche anterior. Sin saberlo bien a bien, íbamos a emprender una ruta histórica, un camino por el tiempo.

En San Isidro el camino se bifurca; a la izquierda va el antiguo camino que en tiempos de la Colonia comunicaba Tepetlixpa, pueblito sin centro, con el Camino Real. En algunos tramos aún existen los empedrados transversales que se colocaban para evitar el deslave y las arboledas de encinos que se plantaban a las orillas para darle sombra a los viajeros; pero también las tecercas, demarcaciones públicas en principio y ya en el siglo XX, linderos de las parcelas en que vino a terminar la Hacienda de Atlapango.

Camino hacia la Hacienda (foto: M.S.)

Camino hacia la Hacienda (foto: M.S.)

La Hacienda, al final del camino, se yergue en una mesa, con sus muros lánguidos de tanto sol y abandono. Sus bardas aún ostentan los contrafuertes, algunas partes del recubrimiento de cal y una altura que le da majestuosidad; y entre los texcales, aún quedan restos de las baldosas de los pisos, los cuadros de las ventanas,  las dimensiones de sus salidas, patios y estancias.

La hacienda tiene una forma regular que se aprecia muy bien a la distancia, en lontananza, Atlapango es más que muros y ruinas envueltas por el candor de las cosas olvidadas o en espera de justicia. Y justicia merece, porque algunos paredones han sido derribados en los últimos meses, junto con pilares de lo que fue el gran patio de la hacienda; alguna sección están habilitándola para corral de animales y el despojo, con gran tristeza, sigue.

A la entrada de la Hacienda. Al fondo, La Escobeta (foto: técnicamente, el tripie)

A la entrada de la Hacienda. Al fondo, La Escobeta (foto: técnicamente, el tripie)

Tras esa visita a las ruinas llegamos a El Aljibe, una obra de ingeniería que aún sorprende por su factura y la funcionalidad que sigue prestando. Las cañerías que llevaban el agua hasta la pila de la hacienda están incompletas, pero los terrenos del derredor aún se benefician de la extracción de agua para el riego. ¿Podría beneficiar a una ruta turística? nos preguntábamos mientras veíamos las antiguas propiedades del empresario Noriega Salas y los tres opinamos que sí.

Pero nuestra meta era La Escobeta, la mayor elevación de Tepetlixpa, de más de 2000 metros. Para comenzar el ascenso fuimos rodeando el cerro por los caminos del lado sur, hasta llegar a los límites jurisdiccionales con Juchitepec. Desde la mojonera respectiva, el paisaje es increíble porque domina todo el valle, de esta estribación del Chichinauhtzin hasta la Sierra Nevada; un valle donde aún hay pruebas de la intensa vegetación forestal del pasado que es causa del clima de toda la zona, transición entre la región fría y el amplio valle de Cuautla, que visto desde estas partes parece un desfiladero, un escalón de grandes proporciones que en menos de 20 kilómetros hace descender la altitud más de 1000 metros.

Basura en la Hacienda (foto: M.S.)

Basura en la Hacienda (foto: M.S.)

Comenzamos la ascensión. El terreno es inclinado en la parte sur, y los incendios han devastado notablemente la vegetación, aunque los árboles retoñan rápidamente y hay vegetación endémica, como ciertas orquídeas. La deforestación, los incendios y la acción de la lluvia han deslavado tanto esa parte que el suelo está lleno de piedra basáltica y de tezontle, lo que dificulta la ascensión; aunque en los descansos hay sus pagos, con una vista imponente sobre los pueblos de la zona, lo que aún perdura de bosque entre México y Morelos y a la distancia, el vuelo de las pocas águilas que han escapado de la insania (por no decir la franca estupidez) del que con solo verlas, tiene ganas de tirarlas a balazos.

Unas dos horas nos habrá llevado llegar hasta la cima, donde hay pastizales de altura y pinos; por la época del año, abundan los hongos y las nubes crean esa metáfora de estar lamiendo a las serranías, porque la humedad se concentra y se respira; el día estaba brumoso, esta región es fría, pero desde el cerro, el frío estaba siendo un adelanto, una avanzada del volcán en tierras templadas.

En la ladera sur. Los árboles y la vegetación, fruto del incendio (foto: M.S.)

En la ladera sur. Los árboles y la vegetación, fruto del incendio (foto: M.S.)

Es muy importante decir que los problemas de contaminación no respetan ni el más escarpado lugar. En la cima del cerro también hay botellas de refresco, envolturas vacías y vasos de plástico regados por todos lados, como “recuerdos” de otros locos que como nosotros han decidido subir al cerro.

 
 
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