
(foto: J.S.)
La música es el único lenguaje humano que se escapa del signo. Germán Plascencia en un ensayo titulado Desatadura y atadura, dice que el canto y los cánticos “permiten emitir sonidos que llevan a estados transitables, rítmicos… que no se revisten de efectos de sentido y que no se montan en palabras… permiten entrar al mundo haciéndolo vibrar”. La música, como lenguaje, nos transporta a todos los lugares físicos y al continente mismo del subconsciente. Pero la música, una vez que el artista la exterioriza, cobra muchas funciones además de esos instantes melómanos.
Alain Merriam en su clásico estudio Antropología de la Música, propone 10 funciones que tiene la música, de las que yo destacaría el goce estético, la comunicación, el refuerzo de las normas sociales y la continuidad y estabilidad de una cultura. En estos tiempos de globalización, la democratización de los medios permite que la música popular vaya cobrando su importancia y entonces, la música es no sólo una expresión artística-cultural, sino un patrimonio de los pueblos.
En la Cara del Cerro, siguiendo con el programa del Segundo Festival Internacional Musa de los Volcanes, la Parroquia de San Esteban fue marco para la presentación de la Banda Filarmónica de Tepantlali Mixe, una banda de música tradicional oaxaqueña conformada por alrededor de 40 niños.
Los niños, de 4 años el más pequeño, toman el instrumento como un juguete (ni hablar de lo emotivo que es ver que el niño sea más pequeño que su tambora) ¿pero qué actividad artística no comienza como juego? La diversión es fundamental para que una acción se convierta en pasión, y estos niños demostraron que su música corresponde a una pasión incipiente y no solo al rigor de la disciplina.
La estabilidad de la cultura que señala Merriam es un factor crucial en la Banda Tepantlali. Formalmente fundada en 1958 por el maestro Bernardo Reyes Pérez (la tradición dicta que existe una banda en el pueblo por lo menos desde 1900), los músicos de ese pueblito mixe han preservado sus tradiciones utilizando los recursos formales de la técnica y de la composición, factor importante para el rescate del patrimonio sonoro, pues mientras existan maestros compositores y alumnos entusiastas es posible preservarlo del olvido y del tiempo.

La banda tradicional, en este tiempo tiene una proyección más importante y más homogénea. No sólo porque se “redescubre” como una propuesta “nueva” (fuera del mercado consumista/popular), sino porque originalmente creada para cumplir fines rituales y normativos dentro de la cultura propia de los pueblos, hoy es considerada al mismo nivel que la música clásica y le disputa un espacio a la contemporánea.
Tepetlixpa es un pueblo donde han existido grandes músicos y tiene su mito local con ese experimento sonoro en el disco Adiós a los Beatles, de la Banda Plástica de Tepetlixpa,. Con esa tradición a cuestas no podía recibir de otra manera a otros músicos…
Y la banda inundó el espacio con sones y con historias sonoras de Oaxaca.