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Archivo de la categoría: ARTE Y CULTURA

Tepetlixpa: el paisaje en el espejo

Trabajo en un ensayo sobre nuestro Tepetlixpa que se centra en analizar la importancia del paisaje y el descubirmiento del pueblo desde los sentidos. Voy a pasos lentos y quizá eso repercuta un tanto en los post que pueda subir, pero consciente de que los edificios pueden leerse y que hay lenguajes como mundos, quiero dejarles un experimento visual. Cada fotografía es un párrafo de este post que habla sobre Tepetlixpa como el pueblo donde el paisaje se construye a base de imágenes reflejadas en un espejo. ¡Aventúrese a leer este post fotográfico! en el paisaje caben nuestras historias, nuestros gustos y a veces, nuestras necesidades.  Lea este Tepetlixpa, pueblo con cara de cerro que también tiene mil máscaras encima del rostro.

(Nubes caminando sobre el Cerro. Foto: M.S.)

(con pasos de cello, hacia el norte. Foto: M.S.)

(Camina el sol, que surge en el oriente, en Tlatelticpac. Foto: M.S.)

(Y descansa en El Jardín, La Escobeta y Huistomayo. Foto: M.S.)

(El fin del mundo no existe. Al sur aparecen nuevos horizontes. Foto: M.S.)

(El mar que imagino es mar de concreto y de historia: Cuautla, heróica e histórica. Foto: M.S.)

 

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¿Música tradicional?

(Música acompañando peregrinación. Foto: J.S.)

Tepetlixpa es un pueblo de larga tradición musical. Las primeras agrupaciones surgieron a inicios del siglo XX y se consolidaron después de la Revolución, cuando incluso, se dio una cooperación mutua entre las autoridades y los “maestros filarmónicos” como dicen los documentos, para que los acontecimientos públicos fueran amenizados musicalmente; además de que la cantidad de bailes que se organizaban en esa época era mayor de la que podemos imaginar.

El momento “cumbre” de la música (y los músicos) de Tepetlixpa se dio desde mediados de dicho siglo, cuando surgieron agrupaciones de música tropical y orquestas que trascendieron regionalmente. Fue su época de bombo y platillo en la que alternaban con las agrupaciones consagradas como la de Carlos Campos; en la que los músicos en lo individual lo mismo tocaban danzones que ese nuevo ritmo del “rock and roll”; incluso que se colocaran en bandas y orquestas más sofisticadas, y la referencia es obligada: el maestro Filiberto Ortiz de la banda filarmónica de la Secretaría de Marina en gira por Europa.

Después de las orquestas, la música de Tepetlixpa siguió un recorrido adecuándose a las pautas de la moda: los conjuntos tropicales en los 80, las primeras bandas de estilo sinaloense en los 90, el movimiento sonidero (una de las minorías más interesantes de Tepetlixpa) y los grupos musicales del ámbito religioso.

Con estos antecedentes hay que preguntarse, ¿entonces, hay música tradicional en Tepetlixpa? Para intentar una respuesta tenemos que considerar que la cercanía con Morelos y los préstamos culturales (cuando no la franca aculturización) han contribuido a definir el panorama. Por ello, la primera música “tradicional” sería la que provino de la tradición del corrido, llena de noticias y hechos de la Revolución. Para nuestra desfortuna, los últimos trovadores de este pueblo se murieron sin que fueran realmente rescatados. Desconozco si se han perdido las letras, pero existió un “Corrido de la Batalla de Nepantla”, directamente surgido de la época y luego, usando la técnica de las cuartetas octosílabas, se escribieron algunos corridos sobre el Zafarrancho (en los años 30 tan mentados en este blog) y muchísimos más sobre la Feria de Tepetlixpa, los montadores de toros (“El corrido del Titiasca” es muy famoso) y desde luego, sobre el Dulce Nombre de Jesús.

El segundo grupo de música “tradicional” tiene que ver con los procesos afectivos y el imaginario trascendental de las personas de este pueblo (que equivaldría a la “función de representación simbólica” de la que habla Alan Merriam). Música para danzas, para amenizar las representaciones de teatro, música religiosa. Es en este grupo donde se inserta la música más original de Tepetlixpa porque no responde a un criterio de moda, ni a un fin económico sino a sus, precisamente, representaciones de la vida y del universo.

Pero a esta declaración tan enfática debemos oponer muchas salvedades. La música religiosa se basa en las necesidades litúrgicas y muchas han sido adaptaciones de pasajes bíblicos. Las danzas, tomando en cuenta que la mas importante, el chinelo, no es originario de Tepetlixpa, han tomado ritmos más jocosos o interpolado canciones comerciales para cumplir su fin orgiástico. Quedaría entonces un estrechísimo reducto para hablar de una música tradicional de Tepetlixpa, presente en las poquísimas danzas que aún subsisten, sobre todo la de los “Moros con Garrote”. Música de chirimía, violín y tambora, flauta transversa o de carrizo es la que inunda el pueblo con cara de cerro en ocasiones especiales. Quedaría por indagar si las melodías en efecto son típicas de esta región o son otros préstamos culturales, pero dejo abierta esa solución para voces más autorizadas. Lo que me interesa compartirles es que aquellos músicos pasan desapercibidos en las grandes fiestas porque su música no cuenta con estruendosas bocinas ni tiene un ritmo y una melodía emocionante. Los sonidos son repetitivos, nostálgicos, llenos de patetismo y de historias que no a muchos interesan; pero finalmente se trata de una música original que ha subsistido años y años por personas que se preocuparon de heredar su oficio a algún interesado. Y digo interesado y no hijo, que hay una anécdota que oí un día a uno de nuestros viejecitos. Contaba que un músico de violín, que tocaba en la Danza de las Pastoras, siempre quiso enseñarle a su hijo el oficio y éste jamás aceptó. El día que murió el músico le preguntaron al hijo si seguiría tocando el violín y les respondió airado: “después del cajón, lo que aventé al hoyo fue el pinche violín”.

Así la música tradicional. Quizá no vayamos a crear una tradición sin antes cimentar bien nuestra cultura como pueblo, pero es muy importante rescatar la que aún sobrevive. Les comparto un pequeño video con una muestra de esta música. Se trata de los músicos que recorren las calles de Tepetlixpa antes de la Semana Santa para “anunciar” que vienen los días de guardar. Tiene un gran parecido con la música de los Moros y resulta enternecedor ver a los dos hombres caminando bajo el sol tocando para el que los oiga…

Y como colofón, los mismos músicos, pero en Viernes Santo y con una variante de la música:

 

Fiesta, personajes, estampas

Aquí una pequeñísima muestra de la Fiesta de Tepetlixpa desde sus personajes. Toda muestra es arbitraria, e insistir tanto en los Moros es para concientizar de que es nuestra última gran danza tradicional (más de 80 años de existencia, cuando no 100) y que hay que preservarla antes de que desaparezca. Aprovecho para invitarles a que visiten las “Galerías del Cerro” donde encontrarán más fotos de esta Cara del Cerro, Tepetlixpa.

(Un descanso antes del castillo. Foto: J.S.)

(50 años de la "Corporación de la Juventud". Foto: J.S.)

(Luces y nubes. Foto: J.S.)

(Nuevas generaciones "moras". Foto: J.S:)

 

Poesía para Sor Juana

Invitación lectura jueves

Para festejar el 361 cumpleaños de Sor Juana, la recién formada Asociación de Escritores de Tepetlixpa, en coordinación con Cultura Ollin Altepetl y el Consejo Ciudadano para la Preservacion del Patrimonio Cultural de Tepetlixpa, invita a un programa cultural que incluirá cine, música y poesía.

La cita es el próximo jueves 12 de noviembre a partir de las 18:00 hrs, en el claustro de la parroquia de San Esteban. Sí, a veces hay suspicacia por el lugar, pero es nuestra mayor joya histórica y con la remodelación que está efectuándose tiene un ambiente increíble… y la mejor vista de Tepetlixpa.

Están todos invitados.

 

Jueves de la Ciencia con Alzate

Por tercera ocasión, se realiza en Ozumba el ciclo de conferencias Jueves de la Ciencia con Alzate, un importantísimo esfuerzo de difusión científica y cultural en ese municipio vecino de la Cara del Cerro.

Alzate es en efecto el padre de la Ilustración en México. Un auténtico sabio que dominó todas las ciencias y se interesó profundamente por la cultura, pues además de sus artículos científicos, estudió exhaustivamente la zona arqueológica de Xochicalco, Morelos; escaló el Iztaccíhuatl, comentó la Historia Antigua de México del jesuita Francisco Javier Clavijero, escribió ensayos sobre la utilidad pedagógica del teatro y como señala René Avilés Fabila fue un consumado traductor: de algunos poemas de Virgilio (escribió una hermosa apología del poeta romano) e incluso de una de las mejores versiones (comenta Avilés) del poema O Fons Blandusiae de Horacio.

Desde este espacio los invito a que asistan a las conferencias. Se trata de otro esfuerzo de la sociedad civil por elevar la cultura y participación de las comunidades. Además, es un buen pretexto para interesarse por la vida de otro ilustre paisano de nuestra región, pues Alzate, además de su parentesco con Sor Juana Inés de la Cruz (pariente en cuarto grado), era, según José Rogelio Álvarez, ascendiente del genial novelista vasco don Pío Baroja.

Jueves de la Ciencia con Alzate

 

Fotos antiguas de Tepetlixpa

Con motivo de las Fiestas Patrias, Cultura Ollin Altepetl se complace en presentar la exposición de fotografías antiguas “Tepetlixpa: un viaje por el tiempo”, formada por colecciones particulares de personas de la población.

Con textos del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de Tepetlixpa (CEIT), la muestra ofrece 13 imágenes del antiguo Tepetlixpa y sus costumbres e identidades.

La muestra permanecerá expuesta del 15 al 30 de septiembre del 2009 en la Parroquia de San Esteban Protomártir, (lo miércoles la Parroquia cierra sus puertas, pero los demás días está abierta de 10:00 am a 19:00 hrs). Estan cordialmente invitados a la inauguración el día 15 de septiembre a las 18:00 hrs. Entrada libre.

Mayores informes al correo: ollinaltepetl@gmail.com o al teléfono (01597) 9750051

 

Los “Espacios en Agonía”

(foto: M.S. Nahum B. Zenil presenta el libro. Adonay Vázquez está a su derecha)

(foto: M.S. El pintor Nahum B. Zenil presenta el libro. Adonay Vázquez está a su derecha)

Ayer por la tarde estuve en Tenango del Aire en la presentación del libro Espacios en Agonía, del arquitecto Adonay Vázquez (Santo Domingo Tehuantepec, 1978). El libro consta de una serie de fotografías de ruinas y edificios abandonados y se acompaña de poemas sobre el mismo tema.  Adonay Vázquez ha estado en el mundo de la fotografía y la pintura desde muy joven; la arquitectura, su profesión, apenas conjuga esas pasiones y las hace converger en la creación artística. Espacios en Agonía es un título revelador, y cada fotografía corresponde a una visión sobre los espacios que me parece apenas justa de la pasión de un creador: que todo espacio tiene algo de sagrado.

La propuesta es en apariencia simple, pero conjuga más que dificultades o circunstancias, profundas revelaciones del ser humano, porque en principio, el tomar fotografías de espacios derruidos, abandonados o destruidos es como una metáfora del final, sea la muerte o la desaparición, y eso se extiende a todo ser vivo.

Los poemas dan cuenta de esa transición de lo vivo a lo muerto, haciendo hincapié en el poder del Tiempo; pero Adonay ve su obra desde la Agonía, diciéndonos que los inmuebles también tienen un ciclo vital, pero a diferencia del hombre, el inmueble no llega a ser ausencia con la muerte. El final de un edificio puede ser azaroso, digno o infame, pero cuando desparece para siempre inmediatamente queda en el olvido. Es la agonía del edificio lo visible, la tortura o falsa celebración. Es la fotografía, con ese poder de testimonio, quien lo rescata y lo eleva.

Dos imágenes me vienen rondando desde ayer y por eso decidí incluir esta entrada en la Cara del Cerro. La primera es que la agonía y la metáfora de los finales es muy poderosa para pasarla inadvertida. Por Agonía, el DRAE nos da referencias de “angustia”, “aflicción”, “dolor”. Solo un quinto sentido habla de “lucha, contienda”. Si la agonía es una transición que ha de llevarnos al final, los humanos esperamos que ese final sea un misterio que subsane el paso doloroso del agonizante. En la muerte, con todas sus significaciones y simbolismos, lo importante no es su reducción a la Nada, sino todas las aspiraciones que existan respecto a lo que hay más allá de la misma. Las religiones son prolijas en eso, pero al final hay un consenso en que como materia biológica, los muertos serán organismos básicos para generar vida. Con su genio silencioso, Elías Nandino lo puso en Eternidad del polvo (XIII):

Hasta que el cuerpo sin vida

vuelva a ser el polvo huyente

que, con impulso difluente,

a nuevos polvos alfombre

y se ligue y los ensombre:

porque no hay lobo ni rosa,

árbol, tigre o mariposa

que algo no tengan del hombre.

Pero en el caso de los edificios, sus escombros no darán lugar a una “vida”, sino quizá en el mejor de los casos, a los cimientos de una nueva edificación. Solo que, en la actualidad, el despojo de una casa, edificio o construcción pasa a ser relleno, “cascajo”. La agonía entonces equivale a un estado continuo, no a una transición. Adonay refería sobre ese punto, que en sus fotografías intentó capturar además, el diálogo que hay entre las ruinas y la invasión vegetal: lo vivo y lo muerto; la agonía es un sitio de comunicación y dignificación.

Por ese último argumento es que me pareció interesante la propuesta de Adonay. Los humanos tenemos muy presente la división tripartita del tiempo, en un presente que presuntamente vivimos, un futuro que idealizamos o aspiramos y un pasado que no regresará por nada del mundo. La agonía en los humanos es esa que da el DRAE, un doloroso tránsito lleno de aflicción y angustia, y la agonía vale para cualquier tránsito, del pasado al presente, del presente al futuro, cuando quizá el tiempo de los humanos comparte más identificación con la agonía de los edificios en tanto es un período único y alargado donde el hombre se encuentra, dialoga y puede surgir o definitivamente desaparecer.

Esto es temerario, pero no es en ningún punto novedoso. Si vemos a la agonía como ese diálogo, y la llevamos a una identificación con el tiempo, estaríamos hablando propiamente de la eternidad. En el dolor y en la felicidad extremos, el hombre sí es capaz de decir que roza lo eterno, porque simultánea y lúcidamente está poseyendo todos los instantes del tiempo, según la definición clásica. Los hombres agonizamos siempre. Ora en lo alto, ora en lo bajo, felices o tristes, alegres o dolientes y así en todas las dualidades, estamos en ese quinto sentido que pocas veces se aprecia: luchamos, contendemos. El adversario no es sino uno mismo, pero el diálogo es con todo lo que nos rodea, desde nuestros congéneres hasta los espacios, las piedras, lo inmóvil y lo latente.

Es el diálogo lo que da razón de ser a que estemos o permanezcamos en un solo tiempo. Plotino decía que en efecto existen tres tiempos, pero que los tres son el presente: un Presente Actual, identificado con el momento (lo que hablo, veo, escucho…); un Presente del Pasado, que sería nuestra memoria; y un Presente del Porvenir, que no es sino lo que imagina nuestra esperanza o nuestro miedo.  Lo hoy vivido será valorado hasta el día de mañana, y ocupamos gran parte del día en proyectar lo que queremos hacer al día siguiente. Los humanos vivimos en efecto en una agonía, pero no de dolor, sino en lo que sucede en el día a día, lo que rescatamos de nosotros mismos y alimentándonos de esa comunión con lo que nos rodea.

Quise traer esta larga divagación sobre el libro de Adonay a la Cara del Cerro porque con el pretexto del libro surgieron este tipo de ideas. Porque además de repensar en la idea del tiempo, surgió el peso del silencio como otra forma de la ausencia, y además, porque en su oportunidad ante el público, Adonay refirió que todo edificio fue proyectado para algo concreto, y que al darle otro giro o uso se corrompe un tanto, se desacraliza.

Pensaba entonces en las ruinas que hay en Tepetlixpa, desde la capilla, las casas y las haciendas, y pensé que en efecto, darles otro uso o cambiar su fisonomía, pero peor, no hacer nada, es arrancarles la agonía que les permite llenarse de otras formas de vida. Dejar que se desplomen piedra por piedra es también como provocar otra forma de muerte, silenciosa y artera porque de ser así privaremos a los edificios de su ciclo vital y a nosotros de la comunicación con sus historias y evocaciones.

Pero al final, y eso es lo maravilloso del Arte, en Espacios en Agonía caben las metáforas del hombre, de nuestro tiempo y de nuestra vida.

 

Banda Filarmónica Santa María Tepantlali Mixe

(foto: J.S.)

(foto: J.S.)

La música es el único lenguaje humano que se escapa del signo. Germán Plascencia en un ensayo titulado Desatadura y atadura, dice que el canto y los cánticos “permiten emitir sonidos que llevan a estados transitables, rítmicos… que no se revisten de efectos de sentido y que no se montan en palabras… permiten entrar al mundo haciéndolo vibrar”.  La música, como lenguaje, nos transporta a todos los lugares físicos y al continente mismo del subconsciente. Pero la música, una vez que el artista la exterioriza, cobra muchas funciones además de esos instantes melómanos.

Alain Merriam en su clásico estudio Antropología de la Música, propone 10 funciones que tiene la música, de las que yo destacaría el goce estético, la comunicación, el refuerzo de las normas sociales y la continuidad y estabilidad de una cultura. En estos tiempos de globalización, la democratización de los medios permite que la música popular vaya cobrando su importancia y entonces, la música es no sólo una expresión artística-cultural, sino un patrimonio de los pueblos.

En la Cara del Cerro, siguiendo con el programa del Segundo Festival Internacional Musa de los Volcanes, la Parroquia de San Esteban fue marco para la presentación de la Banda Filarmónica de Tepantlali Mixe, una banda de música tradicional oaxaqueña conformada por alrededor de 40 niños.

Los niños, de 4 años el más pequeño, toman el instrumento como un juguete (ni hablar de lo emotivo que es ver que el niño sea más pequeño que su tambora) ¿pero qué actividad artística no comienza como juego? La diversión es fundamental para que una acción se convierta en pasión, y estos niños demostraron que su música corresponde a una pasión incipiente y no solo al rigor de la disciplina.

La estabilidad de la cultura que señala Merriam es un factor crucial en la Banda Tepantlali. Formalmente fundada en 1958 por el maestro Bernardo Reyes Pérez (la tradición dicta que existe una banda en el pueblo por lo menos desde 1900), los músicos de ese pueblito mixe han preservado sus tradiciones utilizando los recursos formales de la  técnica y de la composición, factor importante para el rescate del patrimonio sonoro, pues mientras existan maestros compositores y alumnos entusiastas es posible  preservarlo del olvido y del tiempo.

(foto: M.S.)

La banda tradicional, en este tiempo tiene una proyección más importante y más homogénea. No sólo porque se “redescubre” como una propuesta “nueva” (fuera del mercado consumista/popular), sino porque originalmente creada para cumplir fines rituales y normativos dentro de la cultura propia de los pueblos, hoy es considerada al mismo nivel que la música clásica y le disputa un espacio a la contemporánea.

Tepetlixpa es un pueblo donde han existido grandes músicos y tiene su mito local con ese experimento sonoro en el disco Adiós a los Beatles, de la Banda Plástica de Tepetlixpa,. Con esa tradición a cuestas no podía recibir de otra manera a otros músicos…

Y la banda inundó el espacio con sones y con historias sonoras de Oaxaca.

 
 
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