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Archivo de la categoría: 1935

7 datos históricos sobre la Feria de Tepetlixpa

1. Aunque mucho se ha mencionado en este espacio: el barrio de Panchimalco existe desde finales del siglo XVII. En ese lugar se construyó una capilla en donde, más de 100 años después según la tradición, los pobladores de Tepetlixpa colocaron la la imagen del Dulce Nombre de Jesús. Al mismo tiempo se reconstruía la parroquia de San Esteban agregándole torre y cúpula.

2. Entre 1942-1944 se decide construir un templo más amplio que la antigua capilla. La imagen del Dulce Nombre de Jesús permanecía en la parroquia mientras se realizaban las obras. Cerca de la fiesta, la imagen era llevada a su templo en solemne procesión y las peregrinaciones de la época traían materiales de construcción como “limosna” para que el templo fuera terminado rápidamente.

(Capilla del Calvario. Años 40. Foto: D.R. de la Colección Particular E.C.F.)

3. La importancia económica de la fiesta fue un factor importante para que las autoridades intervinieran directamente en su organización. Datos contables de 1935 son un claro ejemplo: la recaudación por pago de derechos y licencias en el mes de enero arrojó un total de $385. En febrero, por concepto de predial, $119. (Salario del presidente municipal $1.75 al día).

4. El ayuntamiento emitía nombramientos para que ciudadanos de cada Sección realizaran la “recaudación” destinada a cubrir los gastos originados por la fiesta, sobre todo por concepto de jaripeos. Los Jefes de Manzana (antigua figura administrativa) tenían el encargo de velar por la integridad del ganado, procurarles alimentos y vigilar que no fueran a ser robados: “pues deben de tener en cuenta que en estas fiestas solamente nosotros como Ciudadanos y Vecinos de esta estamos obligados a hacerlo”.

(Nombramiento de recaudadores para Jaripeo. Foto: M.S.)

5. Por lo mismo, se vigilaba el estricto cumplimiento de las obligaciones surgidas con motivo de la Fiesta. Leamos, enero de 1950: “El señor Asencio Galván… está comprometido para el día de la fiesta del veinte de enero para tocar con los danzantes de vaqueros. Por lo mismo se suplica a las autoridades de esa jurisdicción que la presente vieren se eximan de otros compromisos que puedan haber”.

(Constancia para el músico Ascencio Galván. Foto: M.S.)

6. Danzas… regresemos al año de 1935 para conocer lo que volvía locas a las personas antes de que hubiera chinelos: “Danza “azteca”, “Pastoras”, “Pastorela”, “Negros”, “Vaqueros”, “Mixtecos”, “Moros de Careta”, “Contra-Danza de Vals”, “Música Azteca del Estado de Puebla”. Firma, C. Vicente Trinidad Flores, presidente municipal de Tepetlixpa.

7. Pero una fiesta no solo son danzas. Para la diversión de chicos y grandes, una “Fiesta Titular” como la que describe el presidente  Vicente Flores incluía también: “Chirimía, Bailes Públicos, Jaripeos, Circos, Volantines, fuegos artificiales y toda clase de juegos permitidos por la ley. “CARNABAL” [sic] comparsas de disfraces, amenizados estos actos con la Banda de Música Municipal”.

 

Hechos sangrientos en Tepe: Historia del “Zafarrancho” (10/jul/1935) parte I

pistola

(Foto extraída de la Red)

Los años 30 del siglo pasado son fundamentales para Tepetlixpa en más de un sentido. Tras la Revolución, los muchos acontecimientos que se dieron en la década representan el surgimiento de un nuevo orden no sólo público, sino privado y aún social para la configuración del ser tepetlixpenses y el planteamiento hacia el futuro de una comunidad.

Pero si hay una considerable cantidad de eventos propositivos (obra pública, construcción de espacios, reordenamiento urbano), también es época de conclusiones, y en este caso, según veremos, conclusiones violentas. Me referiré en los siguientes apartados a los violentos hechos suscitados en julio de 1935 que como parte del imaginario popular se conservan bajo el nombre de “El Zafarrancho”, y que en este trabajo, de manera provisional pues la investigación completa aún está elaborándose, les presento como primicias en la reconstrucción de nuestra historia.

El Zafarrancho consistió en la muerte violenta del entonces secretario del ayuntamiento, Manuel Mario Escalante, por parte de numerosos pobladores de Tepetlixpa. Es de mencionar que el propio Escalante, antes de morir, en el lugar de los hechos dio muerte a dos personas, aunque el saldo total arroje 4 muertos incluyéndolo a él.

Escalante ha pasado a formar una imagen mítica en pleno sentido. Para muchos, la idea “del Escalante” es llanamente la del matón. Entre los vecinos del lugar donde hace 74 años se registró el evento, Escalante es un fantasma, un alma que pena sin descanso eterno. Para los más, efecto de dispersión de la memoria, un hombre que murió hace muchos años.

En realidad Escalante fue una personalidad muy compleja, un “hombre fuerte” de la generación posrevolucionaria. Documentos oficiales (entre otros, oficios de la Sección de Gobernación, año de 1934) muestran aspectos muy variados de su labor política. Complejidad de labores administrativas, responsabilidades públicas, comisiones y sobre todo, aventuras políticas, dan por resultado a un hombre en la madurez de su edad que muchas veces, como muestran los documentos mencionados, desempeñó de facto el gobierno municipal.

Escalante era hombre alto, bien plantado y enérgico; funcionario de sombrero tejano, chamarra de piel y pantalón de casimir en un pueblo donde lo común era la ropa de manta, no era raro que estuviera armado. Sin embargo, yo creo que fue el estigma de ser fuereño lo que más pesó en su contra al momento de los sangrientos hechos.

El Zafarrancho tuvo como fondo dos eventos. El primero fue la elección de diputados locales del año 1935, que según la Ley Orgánica de Elecciones Políticas y Municipales fue convocada el 17 de mayo de ese año correspondía organizar al ayuntamiento. El segundo, más turbio por su dispersión en documentos oficiales, el surgimiento de un movimiento político local contrario a los intereses del Partido Nacional Revolucionario.

 
 
 
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