A usted, ¿cómo le dicen? Tómese su tiempo, seguramente algún apodo familiar, el nombre corto, el nombre largo. ¿Listo?, ahora, ¿cómo suele llamar a sus familiares?, ¿a sus amigos?, ¿a sus enemigos?…
¿Algún día ha hecho este ejercicio con el lugar dónde vive? Si me permite adelantarme a su respuesta le diré que no. Sin embargo lo hace comúnmente. Piense en cuántas veces le grita al chofer que bajamos en Tepe, que subimos en Tepe; o al decir a los amigos que estudiamos y trabajamos en Tepe, que la familia es de Tepe, y Tepe, Tepe, Tepe, Tepe se come definitivamente al Tlixpa. Pero, vamos, seamos razonables. Todos cambiamos el nombre del pueblo, de los pueblos y de nuestros semejantes. Es más, me atrevería a decir que si decimos en el transporte que bajamos en “Tepetlixpa” los demás pensarán que no vivimos aquí, que somos fuereños… o peor aún, que nos choca el lugar. Observe al menos que la mayoría de personas que no son de aquí siempre dicen “en Tepetlixpa”, ahhh.
Tepetlixpa no es una palabra encantadora, cierto, pero nos llenamos la boca en explicar su significado y hasta ahora da buena explicación de cómo y qué es el pueblo, “en la cara o superficie del cerro”. En fin, el propósito de éste post es ver qué con el nombre del pueblo, dejemos las reflexiones para otro momento…
1. El primer nombre, de creer en las crónicas españolas fue Tepetlixpan. Diego Durán es muy claro en ese punto y hay que confiar en los estudiosos. La raíz náhuatl “ixpan” concuerda con “cara o superficie”, así que para los puristas nahuatlatos se debería pedir que siempre se agregue la N final de nuestros antepasados xochimilcas.
2. Entrada la conquista las cosas cambiaron. Los dominicos nos hicieron devotos de San Esteban, el protomártir, y pasamos a ser apellido: San Esteban Tepetlixpan. Si usted es religioso sabrá que el nombre correcto del pueblo en tanto parroquia (que es la “comunidad” en su sentido más estricto) sigue inalterable, pero no pega, nomás no pega.
3. Si en el punto 1 dijimos que hay que creer en los estudiosos, desconfiemos de los eruditos. José Antonio de Villaseñor y Sánchez fue uno de esos genios que creó el siglo XVIII. Historiador, matemático, geógrafo, cosmógrafo y para mayor gusto de mis amigos Estebanes, otro potosino que tiene relación con Tepe. Entre 1742-1743, el virrey Pedro Cebrián le encargó hacer un estudio para calcular la población de la Colonia. El erudito comenzó sus investigaciones y hacia 1748 terminó una suerte de diccionario geográfico que al gusto de la época tituló con el breve nombre de Theatro Americano. Descripción de los reynos y provincias de la Nueva España y sus jurisdicciones… abreviémoslo, para estar a tono con este post, como el Theatro.
En el Theatro, Villaseñor hace una descripción sucinta de la región de Chalco y no podía faltar nuestro pueblito: nos describió como un pueblo a media legua (cierto) al sur de Chimalhuacán (falso) y agregó noticias políticas y religiosas: “no hay gobernador [¡benditas épocas!], sino tan solamente alcaldes indios [bu], y están sujetos al del Chimalhuacán [búrlense gente de Ozumba], pero en cuánto a la doctrina tiene convento de administración de Santo Domingo; hay en él doscientas y ocho familias de indios”.
Fuera de estos datos, que seguramente consiguió a base de sesudas consultas de registros y libros, Villaseñor está en la historia de Tepe porque nos rebautizó como el pueblo de San Esteban Tepetuxpan. Interesante renombre, porque de un plumazo nos hizo “el cerro de los conejos”, o “el cerro de la conejera” y considerando que habían 208 familias quizá exageró un poquito.
El Diccionario Geográfico... etc. Imágen tomada de la Red
4. Las notas eruditas siembran las dudas y las admiraciones de otros eruditos. Villaseñor pasó a la posteridad por su Theatro y algunas obras sobre la ciudad de México. Sin embargo, en aquel siglo tan ilustrado y positivista como lo fue el XIX, las observaciones de Villaseñor sirvieron para que en el otro lado del mundo, los lectores españoles pudieran conocernos.
El Diccionario Geográfico Universal (disculparán que abrevie la dedicatoria a La reina nuestra señora, y la autoría de las fuentes entre los más recientes y acreditados diccionarios de Europa) fue un auténtico “tumba burros” de 1833 destinado a personas que quisieran ilustrarse en la cultura general mundial. Los avisados lectores españoles que quisieran saber qué diablos había cerca de Chalco encontraban en la entrada San Esteban de Tepetuxpan que era un “lugar de Méjico, estado de Méjico, distrito y á 5 leguas del Sur de Chalco. Población de 120 familias de indios”. Así que en la página 660 se nos seguía considerando conejos… con la aprobación de San Esteban hay que decirlo.
5. Las cosas se arreglarían en 1869. El 31 de agosto, después de gestiones hechas por los desconocidos de la Historia, el Congreso del Estado declaró la erección del municipio de Tepetlixpa, formado por los pueblos de Nepantla, Cuecuecuauhtitla (en qué momento les robaron la H, sepa dios) y la hacienda de San Nicolás Atlapango. Adiós San Esteban… las Leyes de Reforma fueron muy duras con el santo patrono… y con los conejos.
6. Así tenemos una breve historia del nombre de nuestro pueblo. Podríamos hacer un concurso entre el ilustrado José Antonio de Villaseñor y los no menos ilustrados personajes que se sacaron de la manga otros nombres para nuestro Tepetlixpa, pero creo que sería difícil elegir ganador. Sea entonces una forma de concluir este post por los ingeniosos autores de los apodos, por el que nos puso Pereros, los o las que nos dijeron Tabaranes y aquel o aquella que nos puso Peruanos y Comadritas. ¿usted, a quién le daría el gane?




Carlos Alberto Moreno
octubre 14, 2011 at 6:42 pm
Fantástico, hermano, simplemente fantástico.
Se te extraña en la FFYL.
Un abrazo.